Aunque no fue convocado al Juego de Estrellas pese a registrar efectividad de 2.88 en la pausa, Hernández fue dominante en la mejor campaña de su carrera. En sus 15 salidas de la segunda mitad, tuvo promedio de carreras limpias de 1.53 con 101 abanicados — Hernández incluso regresó al Bronx el 20 de agosto y volvió a dominar a los Bombarderos, ponchando otros 11 en ocho entradas en blanco.
Encabezando las Mayores con efectividad de 2.27 y 232 ponches, Hernández superó a David Price de los Rays para ameritarse el Premio Cy Young del Joven Circuito. El diestro enfrentó 1,001 bateadores en el 2010, una marca superada por apenas un lanzador desde entonces (Price en el 2014). Nada mal para un serpentinero que había cumplido 24 años el 8 de abril, tres días después de su primera apertura de la campaña.
Solamente Justin Verlander, quien lanzó 251 innings en el 2011, ha pasado desde entonces a los 249.2 capítulos lanzados por Hernández en dicha temporada (Roy Halladay lideró la Liga Nacional y MLB en el 2010 con 250.2 EL). El Rey terminó el año con seis juegos completos, cuatro más que cualquier abridor en el 2024.
Especialmente en una era en la que los relevistas se encargan de más y más entradas que los abridores, la campaña especial de Hernández en el 2010 debería ser celebrada. Por al menos algunos meses, el diestro pudo haber sido el mejor pitcher del mundo — y eso debería ser digno del Salón de la Fama.
Los números de su carrera son mejores de lo que piensas
Pese a que hay gran enfoque en los años de apogeo de Hernández — y con mucha razón — las estadísticas a lo largo de su carrera lo hacen digno de ser considerado para el Salón de la Fama.
Hernández es uno de apenas 64 lanzadores con seis o más convocatorias al Juego de Estrellas desde que dicho evento comenzó a realizarse en 1933. Nueve serpentineros inmortalizados, incluyendo Jim Palmer, Hal Newhouser y Lefty Grove, igualan las seis selecciones de Hernández, acompañado por Gerrit Cole, Zack Greinke y el también candidato en la boleta del 2025, CC Sabathia. Hernández también tiene en su expediente el Cy Young del 2010, junto a dos títulos de efectividad en la Liga Americana.
Hablando de la efectividad de Hernández, está en un buen lugar en cuanto a brazos en Cooperstown. Pese a registrar promedio de carreras limpias de 5.42 en más de 300 innings al final de su carrera que estuvo plagada por lesiones, Hernández terminó con efectividad de 3.42 de por vida. Definitivamente entre los últimos que están en el Salón de la Fama, pero todavía se pueden ver una docena de abridores inmortalizados con cifras peores.
Lo mismo se puede decir del WAR de por vida, que el de Hernández está por encima de figuras como Sandy Koufax (48.9), Bob Lemon (48.2), Dizzy Dean (46.2), Addie Joss (45.3) y otros — Koufax también notablemente tuvo un apogeo bien breve, pero “el tener un WAR mejor que Sandy Koufax” debe contar por algo.
Es justo decir que es menos digno de ser exaltado que el lanzador promedio ya en el Salón de la Fama, pero tiene mayores logros que otros de los abridores en Cooperstown con menos hazañas. Incluso con los ajustes por eras (los requisitos para entrar al Salón de la Fama antes eran menores), la producción de Hernández en su carrera — en un tiempo relativamente corto — debería ser suficiente para que sea elegido.
Se convirtió en una leyenda de los Marineros (y de MLB)
Obviamente, se trata más que de las estadísticas: Los miembros del Salón de la Fama se convierten en leyendas por más que sus asombrosos números. Especialmente en Seattle, Hernández tiene una estatura legendaria — y eso debería ser uno de sus argumentos para ser exaltado.
Ningún seguidor de los Marineros que fue testigo olvidará del 15 de agosto del 2012, el momento de coronación para el hombre conocido como El Rey por una afición que lo adoraba. Los fanáticos en el hogar de la escuadra de Seattle estaban de pie para ver a Hernández dominar a los Rays en el 23er juego perfecto en la historia de las Mayores y el primero por parte de un lanzador de los Marineros.
Fue la mayor hazaña en la carrera de un serpentinero que firmó con Seattle a los 16 años como agente libre internacional y jamás lanzó por otro club en la campaña regular. Aunque Hernández fue parte de las organizaciones de los Bravos y Orioles al final de su carrera; siempre será recordado como un miembro de los Marineros. Pocos jugadores han sido parte de un solo equipo durante toda su carrera en las Grandes Ligas, y es de admirarse la lealtad de Hernández a una franquicia (incluso entre una histórica sequía de postemporada).
Desafortunadamente, el poco éxito que su equipo vio le costará a Hernández. Debido a que Seattle jamás clasificó a la postemporada durante su carrera, el derecho no tuvo un historial en los playoffs como el también candidato a Cooperstown, Andy Pettitte — algo que podría marcar la diferencia entre los votantes al Salón de la Fama.
Por supuesto que eso no debería ser un factor en contra de Hernández. Los seguidores de los Marineros definitivamente no lo culparon por eso — simplemente recordarán los buenos momentos, antes de que las lesiones le robaran su mejor nivel después de los 30 años. Los aficionados recordarán su debut con apenas 19 años, el abridor más joven en las Mayores desde 1984. Sus 10 salidas consecutivas en el Día Inaugural (y sus deslumbrantes presentaciones en dichos partidos). Su entrada inmaculada y grand slam, con sólo seis días de por medio en el 2008.
Y no fue solamente en Seattle. Durante su apogeo, Hernández fue un ícono de MLB: Uno de los mejores pitchers de su generación que ofreció momentos increíbles. Un apogeo élite, una fuerte producción en general, su lealtad a los Marineros, más su importancia a la franquicia y al deporte deberían ser grandes factores a su candidatura.
LA/MLB
Foto:MLB