El receptor venezolano Francisco Álvarez es una pieza clave en el plan de los Mets para suplir la producción de Pete Alonso y Brandon Nimmo, quienes fueron bajas tras la reestructuración del roster durante la temporada muerta.
Se espera que el receptor de 24 años pueda continuar el progreso que mostró al final de la campaña pasada, luego de pasar un mes en Triple-A. Su wRC+ durante las últimas nueve semanas de 2025 fue uno de los 15 mejores en las Grandes Ligas entre todos los bateadores con al menos 150 apariciones al plato en ese lapso.
- Primeros 35 juegos: .236/.319/.333 (.652 de OPS) y 90 de wRC+
- Últimos 41 juegos: .276/.360/.561 (.921 de OPS) y 157 de wRC+
La versión de Álvarez que reciban los Mets en 2026 será determinante para el éxito del equipo.
Los Mets enviaron a Álvarez a las menores en junio pasado porque consideraban que debía mejorar en ambos lados del juego. (Aunque, para los fines de esta nota, nos enfocaremos principalmente en su evolución como bateador.) Su dificultad para conectar rectas fue un punto de atención constante.
“Está siendo inconsistente, especialmente en cuanto a estar a tiempo para batear la recta,” dijo el manager de los Mets, Carlos Mendoza, en mayo. “Eso es lo más importante. Lo que hemos visto aquí es que no logra ponerse en posición para accionar el swing y tomar buenas decisiones. Siento que le están tirando rectas y no puede reaccionar”.
La evaluación de Mendoza fue precisa. Antes de su descenso a Triple-A, Álvarez tenía un wOBA de .317 con un porcentaje de fallos del 34.2% ante rectas (four-seamers, sinkers y cutters). Mostraba poca fuerza ante esos lanzamientos, con un slugging de apenas .338. En mayo, con dos strikes, Álvarez veía más rectas que pitcheos rompientes. Los lanzadores lo desafiaban con rectas en la zona, y él no podía responder.
Por su parte, Álvarez no parecía preocupado. “En septiembre veremos si no le pego a la recta”, le dijo al New York Post en mayo.
Y aunque el camino fue largo, Álvarez terminó teniendo razón.
Su primer hit tras regresar a las Mayores en julio fue ante una recta de 96.6 mph, que conectó contra la pared del jardín central derecho.
Fue el comienzo de algo prometedor. En 41 juegos tras su regreso, Álvarez registró un wOBA de .471 con un slugging de .661 y un porcentaje de fallos de 21.9% frente a rectas. Le fue aún mejor contra la velocidad, definida aquí como todos los lanzamientos de 95 mph o más.
Álvarez ante la velocidad
Primeros 35 juegos: .343 de slugging y 31.6% de porcentaje de fallos
Últimos 41 juegos: .690 de slugging y 15.1% de porcentaje de fallos
Ante rectas, Álvarez prácticamente duplicó su porcentaje de slugging y redujo a la mitad su porcentaje de fallos. Eso representa un progreso impresionante. Tratemos de entender cómo lo logró.
Uno de los primeros cambios sustanciales en su swing ocurrió en abril de 2024, cuando Álvarez tenía una de las trayectorias más planas de todo el béisbol: un ángulo de 23°. Tener un swing plano es más una decisión de estilo que algo inherentemente bueno o malo. Pero en el caso de Álvarez, un bateador de poder, parecía haber ido demasiado lejos en esa dirección, y tenía problemas para generar elevación con un swing tan plano. Es evidente que él sintió lo mismo: para septiembre de 2024, hizo su swing más pronunciado, con un ángulo de 29°, y desde entonces no ha vuelto a ser más plano.
“Mi trayectoria está mucho major”, le dijo Álvarez al New York Daily News en mayo pasado. “Ya no me quedo plano”.
Aun así, quedaban otros aspectos por corregir. En la Serie de Campeonato de la Liga Nacional de 2024, Álvarez admitió que se sentía “muy atrasado” ante las rectas. Quería hacer cambios drásticos en su swing, pero llevar a cabo una transformación así durante la temporada no es fácil. Por eso, en la temporada muerta pasada, decidió renovar todo. “Va a ser completamente distinto”, dijo Álvarez durante los entrenamientos primaverales de este febrero. Sacó el bate del hombro, ajustó su movimiento de pierna y eliminó el toque con la punta del pie. Pero una lesión en la mano le impidió trabajar con esos nuevos mecanismos durante la pretemporada. Ya en la campaña regular, esos ajustes no funcionaron del todo.
Cuando Álvarez regresó de las menores a finales de julio, volvió a cambiar.
A lo largo de la temporada, se paró más erguido en la caja de bateo, abrió más su postura (de 2° en mayo a 15° en septiembre) y modificó la posición de su bate.
Otro cambio importante que realizó Álvarez tiene que ver con el tiempo de su swing. Recordemos que Carlos Mendoza había dicho anteriormente que Álvarez no estaba “en buena posición para hacer swing” y que los lanzadores le pasaban rectas sin que pudiera reaccionar. En otras palabras, estaba llegando tarde. Su bate no se movía correctamente al momento del contacto con la bola.
Podemos ver cómo se refleja este cambio al observar la métrica de Statcast conocida como «attack direction», que mide la dirección horizontal del bate al momento del contacto. Es una métrica de tiempo que se mide en grados hacia el lado de halar (“pull”) o hacia el lado contrario (“oppo”). Durante los dos primeros meses de la temporada pasada, Álvarez tenía uno de los swings más orientados hacia la banda contraria en todo el béisbol, con el bate moviéndose 8° hacia el jardín derecho, en promedio, al momento del contacto. Ese swing con dirección de adentro hacia afuera dificultaba que Álvarez pudiera hacer daño a la pelota, recordando más a un bateador de contacto. No estaba llevando el barril del bate hacia los lanzamientos —quizás porque comenzaba el swing muy tarde, o tal vez porque su mecánica tenía demasiados elementos en movimiento. Fuera cual fuera la razón, no llegaba a tiempo, y su poder disminuía.
Desde junio en adelante, Álvarez tuvo una dirección de ataque de 1° hacia la banda contraria, es decir, prácticamente neutral. O, dicho de otra forma, estaba llegando más a tiempo.
También vale la pena señalar que “estar a tiempo” no significa necesariamente halar la bola. En 2024, en medio de las dificultades que tuvo Álvarez a lo largo del año, el entonces coach de bateo de los Mets, Eric Chávez, comentó que el receptor estaba demasiado enfocado en halar jonrones. Claro, esa es una de las maneras más comunes en que los bateadores aprovechan su poder. Pero Álvarez tiene un físico más compacto —es robusto como una boca de incendio— y no se parece al bateador promedio.
“Soy muy fuerte,” dijo Álvarez en febrero pasado. “No tengo que halar cada pitcheo”.
Para poder hacer daño hacia la banda contraria, Álvarez necesitaba estar en plano y a tiempo. Eso fue justamente lo que sus nuevos mecanismos de swing le permitieron lograr en la segunda mitad de 2025.
Álvarez en batazos hacia la banda contraria
Primeros 35 juegos: .652 de slugging / .548 de slugging esperado
Últimos 41 juegos: 1.233 de slugging / .958 de slugging esperado
Desde el 1 de julio hasta el final de la temporada, solo Nick Kurtz, de los Atléticos, tuvo un mayor porcentaje de slugging y slugging esperado en batazos hacia la banda contraria que Álvarez (mínimo 30 contactos).
Dos lesiones adicionales en las manos durante agosto frenaron parte del progreso de Álvarez. Para finalizar el año, jugaba con un ligamento desgarrado en el pulgar y una fractura en el meñique. Aun así, todo indica que los ajustes que hizo funcionaron, y eso es una buena señal para su futuro dentro de esta renovada alineación de Nueva York.
LA/MLB
Foto: MLB