El representante permanente y vocero de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia en Estados Unidos desechó la posibilidad de que la Casa Blanca considere que Delcy Rodríguez pueda ser una socia confiable a largo plazo al no poder garantizar el Estado de Derecho y las condiciones jurídicas que permitan al país avanzar plenamente hacia una democracia
Smolansky: Todo tiene que desembocar en un sistema en el que los Rodríguez no estén en el poder”
David Smolansky ha sido una figura importante de la política venezolana en los últimos años. Pasó de dirigente estudiantil a alcalde de El Hatillo, y actualmente se desempeña en un rol de suma importancia: el representante y vocero permanente del Comando Con Venezuela y las oficinas de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia en Washington D.C, capital de Estados Unidos.
Se trata de un rol que ha cobrado particular importancia después de los hechos del 3 de enero cuando Nicolás Maduro y Cilia Flores fueron extraídos de Venezuela por una operación militar ejecutada desde la Casa Blanca siguiendo instrucciones de Donald Trump.
En medio de un proceso de cambios políticos en Venezuela encabezados por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, Smolansky sostiene que no puede ser ella la que verdaderamente garantice una transición a la democracia en el país y que este se convierta en un socio diplomático y comercial para Estados Unidos. Cree y confía que sería María Corina Machado quien podría asegurar este cambio.
Asegura que existe una relación cordial y constante entre Machado y Trump, y aunque no quiso dar detalles sobre los encuentros que estos han tenido, resaltó que el hecho de que se hayan producido, a la par de una línea de comunicación que se mantiene también con llamadas telefónicas, refleja el apoyo que hay para ella, uno que no se limita a Estados Unidos, ni tampoco a la Casa Blanca, sino que se extiende al Congreso de ese país y a los dos partidos políticos: el republicano y el demócrata.
—Referente a los migrantes venezolanos en Estados Unidos, ¿qué labor se ha realizado con respecto al estatus migratorio de estos?
—Hemos realizado varias gestiones desde el año pasado ante el Departamento de Estado y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS). Es cierto que la dictadura aprovechó los flujos migratorios durante años para infiltrar agentes del DGCIM y el SEBIN, algo que denuncié en mi etapa en la OEA. Grupos criminales como el Tren de Aragua también se aprovecharon de estos flujos y han llegado al menos a ocho países del continente, incluyendo Estados Unidos. Dicho esto, una minoría no puede empañar el sacrificio de una abrumadora mayoría que trabaja, emprende y estudia. Los venezolanos que han llegado a Estados Unidos buscan salir adelante y ayudar a sus familias. Quienes cuentan con TPS pasaron por procesos rigurosos. Estamos viendo las consecuencias de un régimen de 27 años que hizo de la inseguridad una política de Estado, permitiendo la creación y expansión de bandas criminales. Sin embargo, las gestiones continúan, siguiendo de cerca casos conocidos y otros muchos que nos han llegado.
—¿Cómo definiría la relación que existe entre el Comando Con Venezuela y la administración Trump? ¿Hay una cooperación constante?
—Hay una relación fluida con la Casa Blanca. El viernes pasado, ya es público, ocurrió una reunión de María Corina Machado en la Casa Blanca con el presidente Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio. Fue un encuentro más largo de lo previsto en el que se discutieron temas neurálgicos para una transición verdadera hacia la democracia. Aspiramos a un sistema de libertades e instituciones independientes donde haya Estado de derecho y acceso a la justicia. Que Venezuela sea un socio confiable a largo plazo para la inversión y la seguridad del hemisferio. Estamos convencidos de que una transición será la garantía para que millones de venezolanos que han tenido que huir en contra de su voluntad, incluyendo los más de un millón que están en Estados Unidos, puedan retornar y reunirse con sus familias. Ha habido en total dos reuniones presenciales: la primera el 15 de enero, y la segunda el 6 de marzo. También entre esas reuniones ha habido contactos telefónicos y hubo otra reunión muy positiva con el Secretario Marco Rubio. Seguiremos con una agenda de muy alto nivel en Washington D.C, que incluye la Casa Blanca, el Congreso, el cuerpo diplomático y las organizaciones multilaterales.
—¿Esta relación se limita a la Casa Blanca y a la administración Trump, o es una relación construida con el partido demócrata también?
—El trabajo en el Congreso ha sido muy importante. María Corina se ha reunido con casi la quinta parte del Senado, cosa que a veces ni un jefe de Estado puede hacer, incluyendo a republicanos como Rick Scott (Florida), Ted Cruz (Texas) y Bernie Moreno (Ohio), y demócratas como Dick Durbin (Illinois) y Tim Kaine (Virginia). También destaca la sesión en el Comité de Relaciones Exteriores, días después de la primera reunión en la Casa Blanca, donde participaron 27 congresistas de ambos partidos. Fue una reunión prevista para una hora que se extendió a dos, donde inicialmente iban a hablar dos o tres representantes de cada partido, y terminaron hablando absolutamente todos los representantes. Allí María Corina pudo destacar todo el trabajo que se ha venido realizando.

—Con respecto a la reunión del viernes 6 de marzo ¿qué detalles podría dar sobre lo que se habló?
—Por razones de seguridad nacional y estrategia, las conversaciones se mantienen bajo carácter privado. Lo que es público es que han existido dos reuniones presenciales, además de contactos telefónicos entre el presidente Trump y María Corina. Hay un alto respeto hacia ella, su esfuerzo y su sacrificio. Saben que esto es una lucha que comenzó en 2023 cuando ganó las primarias, después cuando el 28 de julio se demuestra que ganamos con las actas, luego vino la etapa de la resistencia con la clandestinidad, encarcelamiento y exilio, y ahora esta etapa del 3 de enero.
—¿Le preocupa al Comando Con Venezuela que Trump hable constantemente de Delcy Rodríguez diciendo que es una socia y que está haciendo un buen trabajo?
—Creo que Delcy Rodríguez simplemente está siguiendo órdenes; no tiene otra opción. Ella enfrenta mucha tensión interna por parte de quienes no se sienten cómodos viéndola seguir órdenes de Estados Unidos después de estar 27 años profanando a ese país, y tildando de yanqui y cachorros del imperio a todo aquel que tuviera una relación con ellos. Hay que recordar lo que dijo el presidente Trump a principios de enero: que si ella no colaboraba iba a terminar peor que Maduro. Ya hemos visto de lo que es capaz esta administración, no solo con lo ocurrido en Venezuela el 3 de enero, sino también recientemente en Irán. Delcy tiene desafíos enormes: mantener cohesionado lo poco que queda del chavismo y arrodillado ante Estados Unidos, lidiar con el cese del envío de petróleo a Cuba, lo cual se hizo por 27 años consecutivos a cambio de un aparato represivo muy sofisticado; y enfrentar la pérdida del miedo en la calle, como vimos con las protestas estudiantiles el Día de la Juventud, no solo en una universidad sino en varias casas de estudio del país, y también todo lo que María Corina y el Comando siguen haciendo, nuestra agenda internacional de alto nivel. El chavismo hoy es residual en Venezuela. Delcy está en una situación comprometida y nosotros avanzamos para que esto desemboque en una transición verdadera a la democracia.
—Recientemente Trump mencionó que reconocía a Delcy Rodríguez como presidenta de Venezuela. ¿En qué estatus queda entonces lo ocurrido el 28 de julio? ¿Sigue siendo una prioridad el cambio político para esta administración?
—Todavía es prematuro calificar esas declaraciones de Donald Trump. Para nosotros, lo más importante es la legitimidad otorgada por el pueblo venezolano el 28 de julio, donde demostramos una victoria de 70 a 30 con las actas. Estamos muy agradecidos con el gobierno de Panamá por preservar esas actas, que son nuestra segunda acta de independencia. Esa legitimidad es lo que hoy le permite a María Corina y al presidente Edmundo González tener el apoyo de la gente y el reconocimiento internacional. Existe un bloque global de apoyo en América Latina, prácticamente toda la Unión Europea, y también países como Israel, Japón, Corea, Nueva Zelanda que comparten la visión de una nación libre y con democracia. Seguimos defendiendo lo que pasó el 28 de julio y estamos conscientes de que estamos en un escenario excepcional como el del 3 de enero. Yo pregunto más bien: ¿cómo explica Delcy Rodríguez después que Estados Unidos mandó más de 130 aviones y que se llevaron a Maduro y a Cilia Flores como se los llevaron, que ahora tienen que seguir instrucciones de ellos? Dejaron una Fuerza Armada Nacional humillada y expuesta. Tengo plena confianza en cómo la gente sigue percibiendo el liderazgo del presidente Edmundo González y de María Corina Machado.
—Este año hay elecciones en Estados Unidos. ¿Le preocupa al Comando Con Venezuela que una posible derrota republicana en las elecciones de medio término en noviembre afecte la agenda con Venezuela?
—Es muy prematuro opinar sobre eso. Faltan ocho meses y en política ese tiempo es una eternidad. Basta con ver cuánto ha cambiado el panorama en apenas 60 días: estaba el ayatolá en Teherán y Maduro en Caracas, y ya no está ninguno de ellos. No nos adelantaremos a procesos internos de Estados Unidos.
—Insistiendo en el tema ¿siente usted que una transición democrática sigue siendo el objetivo de Estados Unidos?
—Sí, es el objetivo. El asesor de seguridad nacional y secretario de Estado, Marco Rubio, fue muy explícito en la última semana de febrero, además en el marco de una reunión con Caricom, siendo este un bloque que históricamente ha apoyado en su mayoría al régimen. Mencionó que el proceso en Venezuela debe legitimarse con elecciones libres y habló de tres etapas: estabilización, vinculación (engagement) y transición, y que estas se podían solapar entre sí. Ellos tienen claro que Delcy Rodríguez no es una socia confiable a largo plazo, ella fue la arquitecta de consolidar las relaciones específicamente con Irán, con Rusia y con China, dada su larga trayectoria en la Cancillería. Además está relacionada con escándalos de corrupción y lavado de dinero desde que se involucró en la vicepresidencia económica y en PDVSA. Además, al ser la vicepresidenta tenía como responsabilidad el aparato represivo del SEBIN y el Helicoide. Es una comunista de formación.
—¿Un eventual retorno de María Corina Machado al país no choca con ese deseo de estabilidad de la administración Trump?
—Ella regresará pronto, como ya anunció. Ha cumplido una agenda de alto nivel internacional sumamente productiva. He tenido el honor de trabajar presencialmente con ella estos dos meses, pero además durante ya más de tres años desde que estoy en la oficina de Washington D.C. Todo ciudadano tiene el derecho de volver a su país y los detalles se conocerán en su momento por razones de seguridad. Esta semana viajará a Santiago de Chile para la toma de posesión del presidente Kast, donde tendrá encuentros con otros jefes de Estado. Ya conocemos la determinación de María Corina, nadie puede ponerla en duda.
—Ella cuenta con un gran apoyo político, ¿la administración Trump no ha manifestado preocupación por la estabilidad si ella regresa al país?
—Al contrario, yo creo que María Corina es sinónimo de estabilidad y de una socia confiable para grandes inversiones a largo plazo. Ella promueve el libre mercado y la propiedad privada. Ha demostrado una capacidad de resistencia enorme al pasar más de un año en clandestinidad, y se ha comportado como una estadista cuando no le permitieron competir y apoyó a Edmundo González. Ha sido una demócrata a carta cabal, fue a una primaria y ganó para luego trabajar junto a distintos factores. Entonces más bien ella ha sido un sinónimo de unión y encuentro, ella levantó a un país desesperanzado. El año de las primarias fue el año en el que más venezolanos cruzaron la selva del Darién, más de 350 mil. Su liderazgo es el que ha unido al país.
—¿Qué pasa si María Corina Machado intenta regresar al país y no se le permite?
—No me voy a adelantar a ningún escenario. Fuimos muy prudentes para lograr sacarla de Venezuela y que llegara a Oslo para recibir el Premio Nobel de la Paz, también tenemos que ser excesivamente prudentes para su regreso.
—Hay algunas personas que parecieran ya estar asomando intenciones de participar en unas eventuales elecciones presidenciales, como Delcy Rodríguez o Enrique Márquez. ¿Preocupa esto al Comando Con Venezuela?
—Estamos enfocados en una transición verdadera, no solo en una elección. Eso implica instituciones independientes, estado de derecho, seguridad jurídica y el desmontaje del aparato represivo, un retorno seguro para millones de venezolanos que puedan reencontrarse con sus familiares. Como dije antes, tengo plena confianza en cómo la gente sigue y percibe a María Corina y al presidente Edmundo. Hay admiración y respeto. Todo vendrá a su tiempo.
—¿Siente David Smolansky que estamos más cerca de una transición o de una normalización del chavismo con los Rodríguez?
—Siento que ha habido un cambio enorme desde el 3 de enero. Tener a 500 presos políticos, venezolanos inocentes excarcelados, es un paso. Obviamente esto no va al ritmo que quisiéramos porque todavía queda casi la mitad presa. El hecho de que ya no se envíe petróleo a Cuba tras casi 27 años es un cambio histórico gracias a lo ocurrido con la operación militar. Que se esté perdiendo el miedo de la gente es importante y lo vemos en los centros de detención con los familiares exigiendo las liberaciones. Se están dando pasos significativos hacia una transición con plenas libertades y el retorno seguro de millones de venezolanos. Todo esto tiene que desembocar en un sistema en el que los Rodríguez no estén en el poder.