El Gobierno de Venezuela, a través de su cancillería, emitió un comunicado oficial ratificando la «relación histórica» de cooperación y hermandad con Cuba. Esta respuesta surge como un desafío directo a las afirmaciones del presidente Donald Trump, quien aseguró de forma tajante que los envíos de petróleo y capital venezolano hacia la isla han llegado a su fin. Caracas apela a los principios de autodeterminación y soberanía nacional para defender sus vínculos comerciales y políticos, calificándolos como pilares de una alianza inquebrantable en el Caribe.
 
Por su parte, el mandatario estadounidense ha sido enfático en su plataforma Truth Social, señalando que la era del intercambio de «petróleo por seguridad» entre ambas naciones ha concluido tras la reciente intervención militar de EE. UU. en la capital venezolana. Trump argumenta que el país ya no requiere de la protección externa que Cuba brindó durante décadas a los mandatos de Chávez y Maduro, ofreciendo en su lugar el respaldo del ejército estadounidense. La retórica ha escalado al punto de que el canciller cubano, Bruno Rodríguez, calificó a Washington como un «hegemón criminal descontrolado», rechazando cualquier acusación de mercenarismo y defendiendo el derecho de su país a importar energía sin interferencias extranjeras.
 
Este choque de posturas marca una reconfiguración total de la geopolítica hemisférica. Mientras el Gobierno venezolano insiste en que el diálogo diplomático es el único camino para dirimir controversias, la administración Trump sugiere cambios radicales en la estructura de poder de la región, incluso validando comentarios sobre una posible transición política en la isla.
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