La Intercomunal Barquisimeto-Duaca se ha convertido en un campo minado. En el tramo comprendido entre El Cují y Alí Primera, el asfalto ha desaparecido bajo innumerables cráteres de diversos tamaños.
A pesar de las constantes denuncias públicas en medios de comunicación y redes sociales, los afectados aseguran que el descuido acumulado de años ha convertido la ruta en una trampa mortal. “Son huecos asesinos”, sentenció un conductor local, aludiendo a la alta incidencia de accidentes, choques y arrollamientos provocados por maniobras evasivas de conductores, motorizados y ciclistas que intentan esquivar los baches, y suman bocas de visita sin tapas y alcantarillas deterioradas


La magnitud del deterioro ha transformado esta vía de tres canales en un estrecho de apenas un carril en el tramo El Cují-Alí Primera. Las «troneras» son de tal profundidad que obligan a los conductores a montarse en las aceras, causando daños severos a los trenes delanteros y neumáticos de los vehículos, mientras que el riesgo para los peatones aumenta considerablemente.
El peligro de la noche
Al caer el sol, el riesgo se multiplica. Ante la falta de alumbrado público, muchos conductores recurren al uso de luces LED, una práctica prohibida por la ley que, si bien les permite divisar los baches, encandila a quienes transitan en sentido contrario, elevando las probabilidades de una colisión frontal.


Incluso en sectores como la vía Trapiche, donde el asfalto se mantiene en condiciones aceptables, la ausencia de rayado y de iluminación eficiente convierte el trayecto en un desafío a la seguridad.
Los habitantes del norte de Iribarren exigen una intervención inmediata de las autoridades, pues la recuperación de esta vía representa un servicio clave para la movilidad y la vida de miles de larenses, señalan los afectados. AC

