Conocí la obra de Chemaría Giménez a través de mi amistad con su hijo Freddy; primero en su dimensión pictórica y luego en la poética.

Me pareció una extraordinaria causalidad, que mi padre, Asunción Rosendo y Chemaría o Don Chema, como también se le conoce, tuvieran exactamente la misma fecha de nacimiento el 15/08/1915. Así que, el año pasado, cuando tuve la oportunidad de iniciar mis estudios de doctorado en la universidad de las artes (UNEARTE), propuse a Chemaría como mi artista de estudio, en procura de darle una mirada descolonizadora a su obra.

Esa nueva mirada al artista se debe a los estudios de insignes teorizantes como el argentino naturalizado mexicano Enrique Dussel, el puertoriqueño Ramón Grosfobel, el peruano Anibal Quijano, entre otros insignes teóricos del hecho descolonizador.

Para ello debe entenderse primeramente el término colonización, referida no sólo a la ocupación del tererritorio, sino, al apropiamiento por parte de los colonizadores de parte de la cultura, las almas y las cosmovisiones de los pueblos originarios. Hecho que cinco siglos después seguimos tolerando.

Cuando se analiza la obra de Chemaría con esta nueva visión, nos encontramos elementos descolonizadores, tanto en su pintura, como en su poesía. Al detallar los cuadros del exitoso pintor, nos conseguimos la representación de escenas culturales propias, como el baile del tamunangue, donde se resalta a los músicos con sus instrumentos y a los bailadores, pero donde brilla por su ausencia el santo homenajeado en este sincretismo religioso, como lo es San Antonio.

Más aún, en su obra «El cristo redentor» bautizado así, por monseñor Crispulo Benito Fortoul, pues el autor ni se ocupo de titularlo. Cuadro que reposa en la pinacoteca del Vaticano dedicada a pintores latinoamericanos. Al detallarlo vemos que la perspectiva es tomada desde la espalda del crucificado, por lo que no aparecen los detalles físicos del Cristo, así que pudo ser un crucificado cualquiera. Lo más maravillosos del cuadro, no es el crucificado, sino, el extraordinario paisaje larense que se refleja cuesta abajo.

Otro tanto ocurre en la poesía costumbrista y humorista que expresa Chemaría en sus creaciones. Desde su anuario Calicanto Chemaría retrata a la sociedad tocuyana; tanto la ilustre; donde se encuentran sus amigos, clientes y allegados, como los que el denomina, los tocuyanos sin lustre, donde representa a ciudadanos anónimos, conocidos apenas por sus remoquetes, pero que en su conjunto definen la identidad autóctona de su pueblo, El Tocuyo.

Fue tal la relevancia que Chemaría le dió a los personajes populares de la ciudad, que propuso la creación de una galería de los tocuyanos sin lustre, donde fueron inmortalizados, aquellos desgraciados, cubiertos por la sombra del anonimato, pero no del olvido. Entre ellos están: El Chacataco, Pedrito el bobalicon, Ramón el perico, El ciego ño Acacio, Mercedes «La cometa», El ciego Vicente, entre otros.

Es Calicanto el reservorio de eventos sociales, personajes con lustre o sin lustre, villancicos, aguinaldos, fechas patrias, festividades locales, poemas, canciones, cuñas comerciales y eventos necrofilicos.

Esta tesis doctoral es mi humilde aporte al reconocimiento de un artista multifacetico, hijo imperecedero de un pueblo, con uno de los más altos estándares culturales de la república bolivariana de Venezuela.

Autor: Gustavo Antonio Rosendo Orozco, el Poeta de La Vega. Desde Barquisimeto, (Lara-Venezuela) el 31/07/2025

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