Presión de EE.UU. a sus vecinos contra cables submarinos y antenas espaciales de China
Entre sus primeras decisiones como presidente, el chileno Kast ha congelado el proyecto de una conexión directa con Hong Kong
17/03/2026 Actualizado a las 16:34h.

Los doce mandatarios americanos que acudieron a la cita «Escudo de las Américas» convocada por Donald Trump en Miami el 7 de marzo regresaron a sus países con la idea clara de cuáles son las prioridades hemisféricas estadounidenses: combatir el narcotráfico, enfrentar a los grupos de crimen organizado, ayudar a cortar la presión migratoria sobre Estados Unidos y restringir el acceso de China a lugares o sectores estratégicos de la región.
El acento del encuentro estuvo en los tres primeros aspectos, pero la advertencia sobre cerrar el paso a Pekín en el control de «geografías clave» y «activos vitales», como recoge la Estrategia Nacional de Seguridad de EE.UU., no tuvo un tono menor. Además de la presencia china en algunos puertos, como en Panamá y Perú, ya criticada por la Administración Trump desde hace meses, Washington ha puesto su mirilla también en proyectos chinos de cables submarinos, lo que afecta a Chile, y de instalaciones de seguimiento espacial, que incumbe también a Argentina, Brasil, Venezuela y Bolivia.
Cable Valparaíso-Hong Kong
José Antonio Kast, que tomó posesión como presidente de Chile la semana pasada a su regreso de Miami, ha estrenado mandato con una primera decisión: poner en el congelador, por presiones de la Casa Blanca, el proyecto de un cable de fibra óptica que iba a conectar directamente Valparaíso con Hong Kong. La compañía China Mobile International recibió la concesión para desarrollar esta infraestructura de comunicaciones a finales de enero, en las últimas semanas de la presidencia de Gabriel Boric. No obstante, dos días después el Gobierno chileno paralizó el proceso ante la reacción de Washington, que llegaría a retirar el visado de entrada a EE.UU. a varios altos funcionarios del Ejecutivo chileno, entre ellos el ministro de Transportes.
Estados Unidos acusó al gobierno de Boric de «dirigir, autorizar, financiar, brindar apoyo significativo y/o llevar a cabo actividades que comprometieron infraestructura crítica de telecomunicaciones y socavaron la seguridad regional en nuestro hemisferio». Washington recuerda que las empresas chinas están a disposición del Partido Comunista y deben dar acceso, en el caso de las operadoras de telecomunicaciones, al tráfico de información que sostienen si así las autoridades lo reclaman. El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, dijo que el legado Boric quedaba «empañado» por acciones que «socavan la seguridad regional».
La polémica sobre el cable chino empañó el traspaso de poderes, al asegurar Boric que Kast no había mostrado inicialmente reparos a una decisión a la que luego aseguró no haber dado su visto bueno. Dada la importante relación que Chile mantiene con China, país al que va el 37,5% de las exportaciones chilenas –es su primer socio comercial–, Kast ha evitado enfrentarse a Pekín. Ha declarado prioritario terminar otro cable que prevé conectar Valparaíso con Asia, aunque de momento el trazado aprobado es hasta Australia, en una iniciativa impulsada por la compañía estadounidense Google. Este otro cable, bautizado como Humboldt, comenzó a tenderse en 2025 y deberá entrar en servicio en 2027. Kast ha dicho que a la vista de cómo el proyecto Humboldt cubre las necesidades chilenas se tomará una decisión definitiva sobre el proyecto chino. El embajador de EE.UU. en Santiago, Brandon Judd, considera que este anuncio significa que «el cable chino ya acabó».
El Gobierno de Kast se ha comprometido además a una cooperación con Estados Unidos para la explotación de minerales críticos y tierras raras de Chile. Sin embargo, por ahora no se ha pronunciado sobre otra actividad china que preocupa en Washington, la espacial. La urgencia es menor, dado que la advertencia no ha venido del Departamento de Estado o de la Casa Blanca, sino del Capitolio.
Instalaciones espaciales
El comité de la Cámara de Representantes de EE.UU. que se ocupa de China publicó en febrero un informe sobre la actividad espacial que Pekín desarrolla en América Latina, a la que señala como susceptible de doble uso. En él se recuerda que, en el último documento oficial sobre sus objetivos en América Latina, Pekín destaca precisamente su interés en estrechar la cooperación espacial con los países latinoamericanos.

Teresa Perales, nadadora y medallista paralímpica.
El informe estadounidense contabiliza un total de once instalaciones, repartidas entre Chile, Argentina, Brasil, Venezuela y Bolivia, para dar apoyo a la exploración espacial china o a la red de satélites chinos. Se trata de infraestructura de diferente tipo –estaciones de tierra, radiotelescopios, instalaciones para mediciones láser por satélites (SLR)– cuya vinculación con el Ejército Popular de Liberación es denunciada por EE.UU. «Pekín usa su infraestructura espacial en Latinoamérica para recoger inteligencia sobre sus adversarios y para fortalecer las futuras capacidades bélicas de su Ejército», dice el informe.
La instalación más conocida es la estación Espacio Lejano, una antena de grandes proporciones ubicada en la Patagonia argentina que lleva tiempo en el centro de la controversia por su secretismo y acceso exclusivo a personal chino, sin supervisión de las autoridades argentinas. Aunque debe usarse solo para fines civiles, no se ha establecido ningún mecanismo de control, aparte de que técnicamente la estación permite la detección de señales y el espionaje. Fruto también de los acuerdos establecidos en su día por el kirchnerismo, China cuenta asimismo en Argentina con la estación Río Gallegos, cerca de la Antártida, para el seguimiento de satélites, y realiza actividades en el observatorio astronómico Félix Aguilar de los Andes.
En Chile, con liderazgo de Huawei, China dispone del Observatorio Paranal, en el desierto de Atacama, cuya misión principal es cartografiar galaxias, «si bien su potencia de supercomputación subyacente también puede utilizarse para aplicaciones militares», según advierte el informe estadounidense. Los chinos también operan una estación satelital cerca de Santiago, en los Andes chilenos. Instalaciones de similares características existen en Bolivia, Venezuela y Brasil.
En sus conclusiones, el Congreso estadounidense pide a la Casa Blanca que establezca el «explícito objetivo de detener la expansión de la inversión espacial de Partido Comunista Chino en América Latina, y en última instancia busque echar para atrás y eliminar las capacidades espaciales de China en el hemisferio occidental que amenazan los intereses de Estados Unidos».