La caída de la moneda representa un golpe para los residentes, que enfrentan una fuerte pérdida del poder adquisitivo. El salario estatal promedio ronda los 7000 pesos cubanos, equivalentes ahora a unos 14 dólares
El peso cubano tocó el miércoles un mínimo histórico frente al dólar estadounidense en el mercado informal, con una cotización de hasta 500 pesos por unidad, en medio de una crisis económica y energética que se profundiza tras nuevas restricciones vinculadas al suministro de petróleo hacia la isla.
La moneda llegó a ese valor en canales informales, según el sitio independiente El Toque, que publica actualizaciones periódicas sobre la cotización. La cifra marcó un fuerte salto frente a los cerca de 400 pesos por dólar registrados durante el verano pasado.
El tipo de cambio informal, negociado en grupos de WhatsApp y mediante redes personales entre residentes que reciben efectivo desde Estados Unidos o Europa, se utiliza con mucha más frecuencia que el tipo de cambio oficial. A pesar de los intentos del régimen por mantener el control sobre la economía, especialistas emplean desde hace años esa referencia como indicador del estado real de la actividad económica en la isla.
El deterioro del valor del peso acompaña una crisis que se profundizó durante los últimos cinco años en un contexto marcado por sanciones estadounidenses y problemas estructurales internos. En paralelo, la economía cubana se dolarizó de forma creciente, con más bienes y servicios cotizados en moneda extranjera.
“Obviamente, no son buenas noticias”, dijo el economista cubano Ricardo Torres, de la American University en Washington. “Muchos artículos ya se venden directamente en dólares, aunque la mayoría de los cubanos no tienen ingresos estables en dólares”, añadió.
La caída de la moneda representa un golpe para los residentes, que enfrentan una fuerte pérdida del poder adquisitivo. El salario estatal promedio ronda los 7000 pesos cubanos, equivalentes ahora a unos 14 dólares en el mercado informal. En ese contexto, una caja de huevos cuesta cerca de 3000 pesos cubanos.
El sistema cambiario oficial mantiene tres tasas distintas que muchos habitantes consideran difíciles de comprender. Estas referencias van desde 24 pesos por dólar para ciertas transacciones comerciales hasta una tasa de 455 pesos por dólar aplicada desde diciembre, en un intento por competir con el mercado informal. Sin embargo, la mayoría de las operaciones cotidianas se realiza con el valor paralelo.
El peso registró una depreciación más marcada tras la operación militar estadounidense del 3 de enero en Venezuela que derrocó al dictador Nicolás Maduro. Después de ese hecho, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que no enviaría más petróleo venezolano a Cuba, lo que dejó a la isla sin su principal aliado energético. Ese día, la moneda cubana se ubicaba cerca de los 438 pesos por dólar.
A fines de enero, Trump advirtió con imponer aranceles a cualquier país que suministrara combustible a Cuba. La medida llevó a México a cortar los envíos de petróleo hacia la isla, aunque el país mantuvo el envío de otros tipos de ayuda.
Tras esos acontecimientos, el escenario económico se deterioró con rapidez. La semana pasada, el régimen cubano anunció que solo vendería cantidades limitadas de gasolina en dólares y otras divisas. Las autoridades también informaron que el país ya no contaba con suficiente petróleo para reabastecer aviones, situación que provocó cancelaciones de vuelos en distintos puntos del mundo.
El impacto alcanzó al turismo, considerado el principal motor económico del país, que quedó afectado por la reducción de conexiones aéreas. La escasez de combustible también redujo de forma drástica el transporte público en La Habana.
Los apagones, que ya formaban parte de la vida cotidiana, se prolongaron y aumentaron en frecuencia. Los bancos redujeron sus horarios de atención ante la falta de recursos. Diversos eventos culturales se cancelaron y muchas clases pasaron a formato virtual.
En ese contexto, la caída del peso en el mercado informal refleja el deterioro de la economía y la presión adicional sobre los ingresos de la población, que depende en gran medida del valor del dólar para acceder a productos básicos y servicios.