La migración de médicos venezolanos ha dejado una herida que no cicatriza en el sistema público de salud. El doctor Ruy Darío Medina, exdirector del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda y docente universitario expresó que la situación es crítica: especialidades desaparecen y los posgrados quedan desiertos, advierte.
Para ilustrar la magnitud del retroceso, citó el caso del servicio de Dermatología. En años anteriores, este departamento contaba con siete especialistas y ofrecía dos posgrados: Dermatología y Dermatopatología, permitiendo que los médicos realizaran sus propios diagnósticos histopatológicos. Hoy, el servicio sobrevive con solo dos dermatólogos y sin formación de nuevos especialistas.
Esta realidad se repite en todos los niveles, recientemente se inauguró una moderna Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) con 13 camas. “Es un servicio excelente, bellísimo, lo reconozco; pero no ha entrado en funcionamiento por falta de enfermeras y médicos intensivistas”, lamentó.

A pesar de que los concursos para postgrados en Medicina de Emergencia y UCI se han abierto durante tres años consecutivos, no se ha presentado ningún aspirante. “Tenemos los equipos, pero no hay quién los maneje ni quién se responsabilice por ellos”, enfatizó.
El problema, asegura Medina, es de escala nacional y se agrava ante servicios que quedan inoperativos por falta de recurso humano.
“La situación es grave porque no se está formando a la generación de relevo. Durante mi gestión como director, contábamos con 12 médicos residentes solo en Medicina de Emergencia. Hoy, esa capacidad de formación se ha esfumado”, concluyó el doctor Medina, haciendo un llamado a entender que sin personal especializado, la crisis de salud solo continuará profundizándose.
Por otro lado, se conoció que la escasez es tal que las autoridades han tenido que recurrir al llamado de jubilados y pensionados para intentar cubrir las vacantes. AC
