En menos de tres meses, la presidenta encargada ha cambiado casi a la mitad de su equipo, diluye la influencia de Nicolás Maduro y define un perfil propio para su gestión
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, sigue dándole la vuelta a su gabinete. La mutación de rostros había comenzado con cierta lentitud desde que asumió el cargo el pasado 3 de enero, pero la cirugía avanzó este miércoles a toda velocidad y ya afecta a más de un tercio del Ejecutivo. Solo este mes Rodríguez ha ejecutado reemplazos en las carteras de Defensa, Transporte, Hidrocarburos, Energía Eléctrica, Trabajo, Vivienda, Educación Universitaria, Turismo y Cultura. Semanas antes, había cambiado a los titulares de Industrias, Comunicaciones, Ecosocialismo y Aguas y Despacho de la Presidencia. Esto sin incluir los cambios en la jerarquía militar que han empezado a desencadenarse con la destitución de Vladimir Padrino como ministro de Defensa este miércoles.
Desde que asumió sus funciones, luego del ataque militar estadounidense que capturó a Nicolás Maduro, Rodríguez ha hecho 13 cambios en su gabinete, casi la mitad de los 32 posibles, una cuenta que no incluye mudanzas menores como la de varios viceministerios.
Se trata de una recomposición bastante profunda del equipo de gobierno, una de las más exhaustivas en mucho tiempo en la estructura de poder del chavismo —Maduro solía hacer movimientos de gabinete espaciados y puntuales—. Estos movimientos, sin embargo, no están indicando, por ahora, una nueva voluntad en materia de compromiso democrático o una apertura política, sino más bien un equilibrio de poderes internos y un reacomodo del círculo de confianza de la nueva presidenta. Los cambios militares, igualmente, están alineados con la orientación del gabinete, pensada para retener el poder y garantizar la lealtad institucional.
Rodríguez trabaja con rapidez para darle su toque personal a la composición del gobierno, privilegiando sus vínculos personales y promoviendo mayormente —aunque con sus excepciones— a civiles con credenciales técnicas en los cargos más importantes. Siempre procurando mantener sus elecciones dentro de los límites ideológicos de la revolución bolivariana.
Entre los movimientos que han llamado la atención se encuentra el del ex fiscal General, Tarek William Saab, que ha sido nombrado por Rodríguez, presidente de la Gran Misión Viva Venezuela, mi patria querida, un programa de promoción de la música y la cultura popular local adscrito al Ministerio de la Cultura. El cargo no tiene la mayor relevancia, pero supone el rescate de una figura defenestrada y que fue clave para el régimen en tiempos de Maduro.
La decisión más noticiosa y trascendente de todas ha resultado la sustitución del ministro de la Defensa, ocupado durante los últimos 12 años por el general Vladimir Padrino López, una pieza clave en la arquitectura de poder dentro del gobierno de Nicolás Maduro. Padrino se había transformado en la cara militar de la dictadura revolucionaria. Su marcha parece darle los toques definitivos al fin del madurismo como proyecto de poder.
Padrino ha sido sustituido por el general Gustavo González López, un militar especializado en los servicios de inteligencia, también claramente comprometido con la revolución bolivariana —cercano, por igual, a Diosdado Cabello y a Maduro—, y que ha mantenido vínculos consistentes con la cúpula de poder del PSUV. La presidenta encargada también ha colocado la dirección de la Dirección de Contrainteligencia Militar al contralmirante Germán Gómez Lárez. El regimiento de Guardia de Honor Presidencial quedará en manos del general Henry Navas Rumbos.
La sustitución de Padrino desencadenó el retiro del general Domingo Hernández Lárez, director del Comando Estratégico Operacional, CEO, otro oficial vinculado a los objetivos políticos del gobierno chavista, quien controla uno de los nodos operativos del mundo militar.
Para el Ministerio de Energía Eléctrica, habitualmente controlado por efectivos del sector castrense —uno de los fracasos administrativos más célebres de la revolución bolivariana—, Rodríguez designó al ingeniero especializado Rolando Alcalá, que proviene de la Universidad Simón Bolívar. El general Jorge Márquez, que ocupaba la cartera de Energía, pasa a asumir ahora el ministerio de Vivienda y Hábitat.
La cartera de Hidrocarburos la asumió Paula Henao, un cuadro técnico experimentado, cercano desde hace tiempo a Rodríguez. El Ministerio de Transporte lo asume ahora Jacqueline Farías, que ha tenido protagonismo en diversas carteras ministeriales los últimos años. Farías es una persona absolutamente devota del “legado” de Hugo Chávez. Sustituye al vicealmirante Ángel Coronado.
Eduardo Piñate, un marxista ortodoxo del madurismo, sale de la cartera del Trabajo y será sustituido por Carlos Castillo, abogado especializado en derecho laboral. La cartera de Educación Universitaria ahora la dirige Ana María San Juan, psicóloga social, un actor independiente y sin militancia en el chavismo, miembro del equipo del diálogo social con la oposición propuesto por el Palacio de Miraflores en 2026. El ministerio de Cultura lo asume ahora Raúl Cazal, un personaje muy similar a Ernesto Villegas, su antecesor: civiles ideologizados y comprometidos con la permanencia indefinida en el poder de la revolución bolivariana.
“Delcy Rodríguez está buscando definir su perfil, quitarle las características maduristas a su administración”, observa Trino Márquez, sociólogo, articulista y analista político. El académico afirma que la primera decisión importante que ha tomado Rodríguez para disolver la sombra de Maduro fue relevar de su cargo al empresario colombiano Alex Saab, acusado de corrupción y lavado de dinero por los Estados Unidos. “Está buscando rodearse de gente leal. Personas que le garanticen que su gestión tenga algún éxito. Creo que además Rodríguez no busca proyectarse como una mandataria provisional, sino que quiere ofrecer la idea de alguien con fuelle, con destrezas para mantenerse al frente de la presidencia por un tiempo prolongado, incluso más del que le permite la Constitución.”
“Yo pienso que ese cambio del Ministerio de la Defensa no pudo haber sido posible sin la aprobación de Estados Unidos”, afirma un conocido observador político que ha preferido mantener su nombre en la reserva. “Por otro lado, llama la atención que Miguel Rodríguez Torres —uno de los candidatos del exilio que sonaban para sustituir a Padrino en este nuevo contexto y que presumiblemente tiene el apoyo de José Luis Rodríguez Zapatero—, no pasó“, observa.
Por lo demás, los cambios de gabinete anunciados por Delcy Rodríguez han sido recibidos con total apatía y desinterés por los dirigentes de la oposición venezolana.