El brasileño Raphinha está convertido en la extensión de Flick en el campo: es un líder y todoterreno que contagia e impulsa a sus compañeros.
Como cualquier otro futbolista, Raphinha puede tomar buenas y malas decisiones durante un partido o errar un gol increíble como sucedió en el Clásico; sin embargo, lo que lo hace diferente al resto es una fe inquebrantable, su mentalidad ganadora y la actitud… Esa nunca se negocia.
El brasileño engendra en bestia salvaje cuando se trata de presionar la salida del rival: espera paciente a que se mueva el balón para ir en su búsqueda y hacerse sentir en cada rincón de la cancha.
Su juego combina el talento del crack y el sacrificio del guerrero. Pisa ambas áreas con la misma naturalidad y determinación, por lo que es capaz de de despojar de pelota a su compatriota Vinícius con una barrida, y acto seguido colocar un disparo en la esquina más lejana del arco para superar a Courtois.
Porte o no el gafete de capitán, Raphinha es la extensión de Hansi Flick en la cancha porque ordena, contagia, alienta, inspira y sobre todo, marca la diferencia.
Es tan importante como Pedri o Lamine Yamal. Pegado a la banda o por el centro su misión es siempre la misma: comandar el barco a buen puerto, no escatimar una gota de sudor y nunca dejar de creer.
En los momentos más lúgubres, cuando su carrera parecía perder rumbo, apostó por el éxito en la élite vestido de azulgrana y hoy goza de lo que cosechó. Está convertido en uno de los mejores futbolistas del mundo.
Es un todoterreno, el deseo de cualquier entrenador más allá de filosofías o estilos, pues no en vano Diego Simeone se ha declarado un admirador del brasileño, tanto o más que el propio Flick.
Desde hace varias semanas el Barcelona lo tiene de regreso luego de padecer su ausencia por una lesión que se alargó más de lo esperado. Y si Raphinha está bien, el equipo se abraza a su líder, al futbolista modelo.
LA/ESPN