WASHINGTON D.C. – En una comparecencia ante el Senado que ha dejado poco margen para la interpretación romántica, el Secretario de Estado, Marco Rubio, delineó lo que denomina una «fase de estabilización» para Venezuela. Tras la captura de Nicolás Maduro en la operación «Determinación Absoluta» a principios de año, la política de la administración Trump no se centra en una transición democrática clásica, sino en una administración estratégica del territorio.
El control antes que la legitimidad
Rubio fue tajante: el objetivo número uno de Washington es evitar el colapso del Estado venezolano. «Venezuela no está en una transición moral; vive una transición administrada por poder duro», se desprende de su discurso. Los puntos neurálgicos de esta estrategia incluyen:
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Tutela financiera: el petróleo venezolano ya no es una herramienta de propaganda. Según Rubio, los ingresos están bajo control y auditoría directa de EE. UU. para asegurar que se utilicen en servicios básicos (salud, saneamiento, seguridad) y no en el financiamiento de estructuras criminales.
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Cooperación por necesidad: la relación operativa con Delcy Rodríguez no implica reconocimiento político, sino una «necesidad de terreno». EE. UU. busca mantener la operatividad mínima del país para evitar crisis migratorias masivas hacia Colombia y el Caribe.
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Presencia real: se confirmó que la presencia estadounidense en Caracas es operativa y de seguridad, enfocada en la neutralización de amenazas y la supervisión de la liberación de presos políticos, la cual Rubio utiliza como una «métrica verificable» del cumplimiento de acuerdos.
El mensaje al capital global
Para el Secretario de Estado, el futuro económico de Venezuela no depende de discursos, sino de la seguridad jurídica. Rubio advirtió que la inversión extranjera sólo retornará bajo licencias estrictas y garantías claras. «Sin seguridad, no hay capital», sentenció, dejando claro que la reforma de la Ley de Hidrocarburos es un quiebre estructural forzado por la presión externa y no una iniciativa soberana del remanente del chavismo.
La administración actual juzgará por hechos. Aunque el uso de la fuerza no es el escenario deseado a futuro, Rubio recordó que sigue siendo una herramienta disponible si la cooperación en la transición falla.
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