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  • Ahora, Estados Unidos mueve los hilos en Venezuela, pero con la pistola sobre la mesa/Análisis

    Luego de cumplirse el primer mes de la captura de Nicolás Maduro y de Cilia Flores, tras la intempestiva operación militar del Delta Ford sobre Caracas y otros cuatro estados del centro-norte del país, en la madrugada del día sábado 3 de enero pasado, el principal debate se centra ahora en la metamorfosis registrada desde Miraflores por quienes aún se mantienen sujetados al cordón umbilical del poder.

    El portal “Versión Final” destaca que “Venezuela no atraviesa una transición democrática clásica. Está inmensa en una reconfiguración del poder”, según explica Alfonso Hernández, politólogo y doctor en Derecho y Ciencias Social, con el soporte que da poder mirar hacia atrás y ver la estocada al modelo petrolero de Hugo Chávez con la reforma express de la Ley de Hidrocarburos, y las condicionantes impuestas por el gobierno de Donald Trump en cuanto a las restricciones para el manejo de los recursos petroleros.

    O el anuncio de una Ley de Amnistía “para la reconciliación nacional”, a medida que, a cuentagotas, se excarcelan semanalmente decenas o centenares de presos políticos.

    En rueda de prensa a inicios de semana –describe el portal “Versión Final”–, Elías Jaua, exvicepresidente de Venezuela en la era Chávez, intenta lavarle el rostro a los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, a Diosdado Cabello y a Vladimir Padrino López, a quienes sectores de la izquierda reprochan “la entrega” de Venezuela “al imperialismo”, con discursos que pretenden eludir la realidad: Quien impone las condiciones es Trump, con Marcos Rubio, secretario de Estado, y Laura Dogu, enviada de Negocios para Venezuela.

    Jaua no da vueltas, y asegura que Venezuela hoy es un país ocupado militarmente.

    “Aunque suene duro. No vemos a los marines en la calle, pero tenemos una ocupación naval, aeroespacial y electrónica sobre nosotros. Y el gobierno que quedó, por las razones de estabilidad que requiere el imperialismo para garantizar su necesidad urgente de energía petrolera, tiene que trabajar en función de las directrices de la potencia ocupante”, reconoce, mientras el fantasma de la traición sacude los teclados revolucionarios.

    El exdirigente del PSUV, desplazado en su momento por los hermanos Rodríguez de Miraflores, advierte que la presidenta encargada trata de defender algunos niveles de autonomía frente a las decisiones de la Casa Blanca, en un permanente pulseo para reducir el impacto en la expoliación que pretende Estados Unidos.

    Sobre el tema, el politólogo Hernández añade que, hacia adentro, el poder se muestra cohesionado, con presencia del alto mando militar y de una narrativa de autonomía y control, y hacia afuera, una coordinación pragmática.

    “La contradicción es sólo aparente. Es funcional. La soberanía se afirma en el discurso. La adaptación se gestiona en la práctica. (…) No se trata de una ruptura autónoma impulsada desde dentro, sino de un proceso condicionado por palancas externas, y administrado mediante ajustes internos”, señala.

     

    ADAPTARSE Y SOBREVIVIR

    Desde esta perspectiva, Alfonso Hernández explica que el escenario más probable en el corto plazo no es una insubordinación del régimen ni una apertura democrática rápida, sino una combinación de condicionamiento geopolítico y reordenamiento interno.

    “El poder no colapsa. Se adapta”, aclara.

    El escenario, con base en este proceso, permite entender, según Hernández, que una confrontación real y sostenida con Estados Unidos tiene márgenes económicos, diplomáticos y estratégicos muy reducidos, y que, por ello, la retórica puede seguir siendo desafiante, pero la conducta, previsiblemente, seguirá siendo pragmática.

    Las elecciones pueden llegar, pero es plausible que funcionen más como instrumentos de gestión del sistema que como mecanismos de ruptura. Pueden contribuir a reorganizar el poder, sin transformarlo de fondo. La intervención militar clásica, por su parte, resulta cada vez menos verosímil. Las herramientas dominantes parecen ser otras: Normalización condicionada, presión judicial selectiva y control de incentivos. Intervención sin tropas, pero con palancas reales”, proyecta.

    Incluso, de acuerdo con el politólogo, las figuras más duras del sistema encajan en esta lógica. «Más que episodios espectaculares, lo que parece consistente con el patrón observado es la presión selectiva, el uso de expedientes como herramienta de negociación y procesos graduales de neutralización. No necesariamente para desmontar el sistema, sino para disciplinarlo y reordenarlo”, resalta.

    Para el abogado, los sistemas sobreviven, no sólo mediante la coerción, sino mediante la adaptación. Y en sus palabras, el sistema venezolano ha demostrado, durante años, una notable capacidad para doblarse sin romperse.

    LA AMENAZA YA NO ES RETÓRICA

    Para Benigno Alarcón, fundador y exdirector del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello, a diferencia de otros momentos de la crisis venezolana, desde enero se observan cambios estructurales verificables, y no sólo gestos políticos o retóricos.

    “Estos cambios no implican aún una transición democrática, pero sí configuran un cambio de gobierno, acompañado del inicio de una alteración del régimen, condición necesaria –aunque no suficiente– para hablar de transición”, advierte.

    En su artículo para The Conversation, Venezuela a un mes del 3 de enero: ¿transición democrática, o reconfiguración del poder?, Alarcón precisa que no se pueden equiparar los mecanismos mediante los cuales ocurre una transición con las condiciones que permiten afirmar que realmente la misma está en marcha.

    Bajo tal óptica, estos mecanismos incluyen ruptura, reforma, colapso o negociación (voluntaria o bajo coerción).

    En cambio, refuerza las condiciones mínimas para que pueda ocurrir una transición, que son dos: Cambio efectivo de gobierno y apertura de un proceso de cambio de régimen.

    “Venezuela hoy no cumple con estas condiciones, aunque se intentan construir mediante un mecanismo atípico: una negociación bajo coerción externa creíble. La extracción de Maduro modificó de forma radical los cálculos de supervivencia de la élite gobernante. A diferencia de intentos previos, la amenaza ya no es retórica (de palabra), sino que es real, y por ello la negociación, aunque no voluntaria sino bajo coerción, es hoy políticamente creíble”, añade.

    Según Alarcón, la forma en que se intenta conducir el proceso venezolano no encaja plenamente en los modelos clásicos.

    “No se trata de una ocupación ni de una transición puramente endógena: Existe, más bien, una intervención selectiva acompañada de la preservación temporal del aparato estatal. La expectativa es que éste facilite el desmontaje del sistema que le permitió mantenerse en el poder, para seguir con una transición ordenada que no precise el cumplimiento de las amenazas del gobierno estadounidense de realizar más incursiones en territorio venezolano, para “garantizar” la estabilidad del país”.

    Al referirse a la experiencia comparada, muestra que tanto el desmantelamiento completo del aparato estatal (Irak, Afganistán) como su preservación sin reformas profundas (Libia, Camboya) generaron resultados altamente inestables.

    Por lo tanto, el caso venezolano, agrega Alarcón, intenta transitar un camino intermedio, con una intervención selectiva orientada a modificar incentivos, sin provocar un colapso institucional inmediato.

    INTENTARÁN MANTENER EL SISTEMA

    Por su parte, Imdat Oner deshuesa permanentemente en redes sociales lo que sucede en la arena política tras la captura de Nicolás Maduro.

    El exdiplomático turco en Venezuela se muestra sorprendido de cñomo Delcy Rodríguez ha seguido hasta ahora las instrucciones de la administración Trump casi al pie de la letra. La mayoría de las solicitudes de Washington se han cumplido sin demora.

    Oner nombra, como trofeo, la promulgación de la Ley de Hidrocarburo tras una reforma que representa un claro cambio radical en la estricta política de nacionalización impulsada y desarrollada por Chávez, como escudo, por más de 20 años.

    Hasta ayer, el régimen centraba su discurso en el ‘socialismo del siglo XXI’, pero hoy comercializa esta transformación como una ‘apertura competitiva’ que permite trabajar con empresas nacionales y extranjeras para extraer de manera más eficiente más recursos de las mayores reservas petroleras del mundo”, añade, y califica como “el avance más sorprendente”, el mecanismo establecido para el uso de los ingresos petroleros, que compara con el de Turquía.

    El panorama resultante, añade Oner, es casi un sistema de deuda pública otomana moderno, quien detalla que la administración Trump prevé que los ingresos provenientes de las ventas de petróleo de Venezuela, que se encuentran bajo sanciones, se depositarán en una cuenta en Catar.

    «El gobierno interino de Caracas presentará un presupuesto detallado a Washington cada mes, y, si Estados Unidos lo aprueba, los pagos se realizarán con cargo a la cuenta.

    Estos recursos serían destinados a gastos públicos esenciales, como la policía, el sistema de salud y los servicios municipales; una vez finalizados los gastos, se establecerán mecanismos de supervisión”, resalta.

    Quien fuera oficial político y jefe adjunto de Misión en la Embajada de Turquía en Venezuel afirma que aún no está lo suficientemente claro cuán permanentes serán estos pasos de normalización.

    Hasta dónde llegará el proceso bajo la presión de Trump y cuánto tiempo Delcy podrá sostener estas reformas con una pistola en la cabeza son preguntas importantes. En mi opinión, Delcy intentará mantener este sistema durante muchos años con mejoras limitadas y superficiales, sin permitir elecciones totalmente transparentes y justas, porque sabe que las tiene perdidas”, destaca.

    El profesor de la Florida International University cree que la situación podría evolucionar gradualmente hacia una estructura similar al modelo turco.

    “¿SE ESTÁ CONVIERTIENDO VENEZELA EN UNA NUEVA TURQUÍA?

    Este sería un modelo de régimen que se lleva bien con Washington (de ahí su legitimidad), es obediente externamente, pero mantiene su carácter autocrático internamente».

    «El enfoque de Trump en la política interna en los próximos días y su enfoque en regiones más distantes como Irán reducirán la presión sobre Delcy en el futuro cercano. El régimen continuará como antes”, advierte.

    SALIDA DEMORÁTICA A CONTRATIEMPO

     Benigno Alarcón tiene las declaraciones de Marco Rubio ante el Congreso de Estados Unidos como un signo positivo.

    Sostiene que delinean un proceso en tres etapas, explícitamente orientado a una transición democrática, aunque secuencial y condicionada.

    «Esto sugiere que actores claves en Washington sí contemplan una salida democrática en el corto plazo, y no sólo una estabilización indefinida. Sin embargo, existe un riesgo real: La ventana de oportunidades es limitada”, advierte.

    “Dependen del tiempo y del resultado de la lucha de fuerzas en el Senado,  y de los resultados de elecciones estadounidenses  en noviembre”.

    Alarcón insiste en que Venezuela no está aún en una transición democrática, pero tampoco puede afirmarse que el camino que comenzó a andar el 3 de enero pasado sea solo una simple reconfiguración autoritaria.

    Añade que se encuentra en una fase intermedia, abierta y altamente dependiente del timing.

    “La teoría comparada es clara: Cuando las ventanas de oportunidades se cierran, los regímenes autoritarios aprenden, se adaptan y sobreviven. El margen para acertar –o para fracasar– es estrecho. Y el reloj ya está corriendo”

    OTRO DETALLE, Y MUY IMPORTANTE

    El otro detalle que no se ha dado a conocer, pero que con seguridad no va a ser descartado, es el de cuál será el papel a desempeñar en este «proceso de cambios» por la dirigente María Corina Machado, sin duda alguna la más importante y destacada lideresa de la oposición venezolana en este momento.

    Se trata, por cierto, de un detalle que la Casa Blanca se ha preocupado por tenerlo bien guardado, al menos hasta ahora.

    Veremos…

    (RG).