
Hay sonidos que se funden con el paisaje hasta volverse parte del aire. En Barquisimeto, ese sonido es el de la Orquesta Mavare. Lo que comenzó como un arrebato de audacia juvenil en el siglo XIX, cumple este 31 diciembre de 2025 128 años de trayectoria, consolidándose no solo como la agrupación más longeva de Venezuela, sino como el latido rítmico de la fe larense.

La historia nos remonta a la noche del 31 de diciembre de 1897. Mientras el mundo se preparaba para recibir un nuevo año, en la lujosa casona de Don Aurelio Manzano, un reconocido comerciante de la ciudad, se gestaba un hito cultural.
Bajo la dirección de Miguel Antonio Guerra, con apenas 18 años, y junto a un grupo de ocho músicos subió al estrado para amenizar el baile de gala de la alta sociedad barquisimetana. El impacto fue inmediato. La armonía de aquellos instrumentos cautivó de tal forma a los presentes que los halagos no tardaron en llover sobre la naciente banda.
Fue tal el entusiasmo que el Gerente General de la Empresa de Tranvías a Caballos, quien se encontraba en la fiesta, les hizo un obsequio inusual: los invitó al día siguiente a recorrer toda la ciudad a bordo del tranvía. Así, el 1 de enero de 1898, Barquisimeto despertó con un sonido inconfundible que recorrió sus calles sobre rieles, marcando el inicio de un romance que ya supera el siglo.
Poco después, en 1898, la agrupación recibiría su nombre definitivo. Tras la sentida partida de Ramón Mavare, un virtuoso del cornetín de origen falconiano, la banda decidió adoptar su apellido como un tributo eterno. Desde entonces, «La Mavare» ha sido sinónimo de excelencia técnica y calidez humana.
Aunque Miguel Guerra encendió la chispa, fue el maestro Napoleón Lucena quien convirtió a la orquesta en una institución sagrada. Al asumir la batuta en 1915, Lucena inició un liderazgo de más de cinco décadas donde refinó el repertorio y, lo más importante, institucionalizó junto a Guerra el vínculo con la Divina Pastora.
Desde entonces, cada 14 de enero, la Mavare se convierte en el puente entre lo terrenal y lo divino. Sus acordes, que mezclan con maestría lo académico y lo popular, reciben a la sagrada imagen en una serenata de fe que se ha vuelto un rito imprescindible para el gentilicio larense.
Hoy, a sus 128 años, la Mavare no es una pieza de museo, sino un archivo histórico en movimiento. Ha sobrevivido a guerras, cambios de gobierno y la vertiginosa evolución de la música moderna, manteniéndose fiel a su esencia: el vals, el bambuco y la elegancia del siglo XIX, pero con el dinamismo necesario para seguir vigente en el siglo XXI.
Al escuchar sus notas, se comprende por qué Barquisimeto ostenta el título de «Capital Musical». La Orquesta Mavare no solo interpreta música; custodia la memoria emocional de un pueblo que, generación tras generación, continua intacta.

Fotos y Texto: Carlos Guerra Brant