El país caribeño debe volver a la normalidad que consiste simplemente en reponer los elementos esenciales de la democracia
La situación de Venezuela desde la captura de Nicolás Maduro es la de un “estado tutelado” por Estados Unidos que ha señalado la “estabilización, recuperación y transición” como las tres fases para la liberación. Con la dictadora Delcy Rodríguez encargada del desmontaje de la dictadura/narcoestado, la resistencia civil se expresa por la liberación de presos políticos y retorno de exiliados, pero es imprescindible que la oposición ganadora de las elecciones 28 julio 2024 se active iniciando campaña por “elecciones libres y la consolidación de la democracia” que es el objetivo nacional.
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En Derecho Internacional, Venezuela es hoy “un estado en situación particular”, en condición suigéneris que se acerca más a un régimen de “tutela”. Jurídicamente la tutela es “toda suerte de protección, amparo, custodia o cuidado y dirección de personas e intereses”. En los hechos se trata de que Estados Unidos protege y ampara al pueblo venezolano mientras desmonta la dictadura/narcoestado usando a los mismos mafiosos miembros de esa estructura, con el objetivo de recuperar las condiciones de democracia que permitan libertad y democracia que hoy no existen.
Luego de que el dictador pasó a ser el “reo Maduro” por narcoterrorismo y otros crímenes ante la justicia que lo requería con 50 millones de dólares de recompensa, Venezuela debe volver a la normalidad que consiste simplemente en reponer los elementos esenciales de la democracia, tarea que comprende el desmantelamiento del régimen de delincuencia organizada, la terminación de la dictadura jefe de Cuba y la expulsión de las dictaduras extra hemisféricas que tienen a Venezuela como base de agresión contra Estadodds Unidos y las democracias.
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El interés de Estados Unidos está fundado en su seguridad nacional, atacada y llevada a límites de extremo peligro por la “guerra híbrida” desatada por el socialismo del siglo 21 o castrochavismo utilizando la dictadura de Venezuela como eje para operar migración forzada, tráfico de cocaína y fentanilo, tráfico de personas, penetración con crimen común, financiamiento para reemplazar la política por el crimen organizado, grupos disruptivos, noticias falsas, asesinato de reputaciones, plataforma de dictaduras extra hemisféricas y toda acción conducente a la desestabilización y debilitamiento de la democracia.
Los avances en el camino de la libertad, desde que Maduro es reo, son notables pero están acotados por la notoria manipulación de los Rodríguez y el grupo que detenta el gobierno. La agenda está marcada por Estados Unidos pero los operadores —miembros todos de la mafia castrochavista— dilatan, fraccionan, diluyen, maniobran, en suma ganan tiempo mientras ceden espacios a cuenta gotas, dando la señal de que mantienen el poder aún bajo la tutela.
Lo percibido hasta ahora es que la dictadora en ejercicio cede todo y es dócil en materia de gestión de recursos, control de venta de petróleo, reconstrucción de la industria petrolera, apertura de inversiones a empresas occidentales y cuestiones de tipo económico, pero dilata, enreda y manipula la liberación de presos políticos y retorno de exiliados. Cede espacios económicos y gana tiempo en lo político, usando la representación de Venezuela para incluso defender al reo Maduro con sus embajadores y operarios internacionales. Cambio de amo pero no de mañas.
El gran objetivo del grupo criminal que desteta el poder desde 1999 en Venezuela es la impunidad y para lograrla deben mantenerse en la política, continuar siendo parte del sistema y de esta manera tal vez ceder el gobierno pero no el poder que seguirá operando bajo sus leyes y con ellos. Una repetición actualizada de la Nicaragua de 1990 con Ortega y el sandinismo, con impunidad, control de las fuerzas armadas y vigencia como partido político legitimado.
Al proceso de liberación del pueblo venezolano iniciado por Machado y tutelado por Estados Unidos le falta el elemento de la representación nacional. Está ausente el pueblo triunfante en las elecciones del 28 de julio de 2024 que luego fue sometido con terrorismo de Estado para que Maduro el jefe narcoterrorista, se proclame presidente con fraude, con crímenes de lesa humanidad y apoyo de las dictaduras extracontinentales enemigas de Estados Unidos y de las democracias de las Américas.
La farsa y manipulación de la dictadura obligó a María Corina Machado acudir a candidatos de repuesto logrando la elección de Gonzales Urrutia, venciendo al régimen y a los “opositores funcionales” o “alacranes” a costa de su posición personal. Luego de capturado Maduro el gran esfuerzo de la dictadura y de los opositores funcionales es apoderarse de la transición excluyendo o minimizando a Machado sin cuya lucha nunca hubiera existido el 3 de enero de 2026 ni la captura del hoy reo Maduro.
En estas condiciones y siendo el objetivo de la tutela de Estados Unidos la “celebración de elecciones libres y la consolidación de la democracia”, el proceso de transición que está en curso necesita que la ganadora de las elecciones de 2024 inicie campaña electoral para activar la movilización popular. La lucha por la libertad y la democracia en Venezuela tiene a Estados Unidos como gran aliado, pero siempre estará en manos de los venezolanos que no pueden permitir el reacomodo de los miembros de la organización criminal que los somete desde 1999, ni la sobrevivencia de los opositores funcionales que los traicionan desde siempre.
*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy
