La gastronomía es una vertiente de la cultura antropológica de los pueblos con sus momentos históricos estrechamente vinculado a la sobrevivencia de la especie humana.
Todas las actividades humanas están sujetas a cambios permanentes como parte de su evolución. La alimentación no escapa a esos procesos de cambio, Un ejemplo típico del arte culinario regional es la empanada de pabellón surgida en los años 80 del siglo pasado en una lunchería ubicada en la calle 27 entre 17 y 18.
Diciembre representa el mes del año con mayores expresiones de la gastronomía del hombre en sociedad. ES la época en la que afloran las más variadas recetas culinarias gestadas a lo largo del desarrollo de la historia humana.
Este mes presenta en Venezuela una variedad de opciones culinarias entre otras: la hallaca, ensalada de gallina, hervido, leche burra, dulce de lechosa, torta negra y cocuy.
En la Venezuela esclavista, durante la conquista y colonia, se gesta el criollo platillo de la hallaca hecho con las sobras dejadas por el señor mientras degustaba en la mesa. Es decir, que tiene un origen de naturaleza oprobioso en una sociedad profundamente clasista y racista que excluía al indígena y negro con sus propias y contrastantes maneras de alimentarse.
No obstante, con orgullo sus oficiantes compiten por imponerse como la mejor. Por lo que era costumbre en la Venezuela tradicional repartir entre los vecinos las mismas como ocurría en el antiguo mercado El Manteco. Lo dice la parranda interpretada por Nancy Ramos: “La mejora hallaca la hace mi mamá”.
La creatividad de la gente no tiene límites. Se manifiesta en la diversidad de actividades del hombre, entre éstas el arte culinario.
En una ingeniosa mezcolanza alimenticia en la capital larense se le ha vinculado a la tradicional empanada criolla. La fusión consiste en ligar la masa de la empanada con el guiso de la hallaca para genera una “emphallaca”. Es, si se quiere, una especie de pabellón criollo con aires navideños expresión de la inventiva culinaria de nuestro pueblo.
Sus creadoras son Nathaly Hernández y su hija Wenda Albahaca dueñas de la lunchería D”Albahaca, ubicada en la carrera 28A entre avenida Morán y la calle 9 diagonal al Círculo Militar. Un plato sencillo muy bien resuelto por su tamaño a precio justo que amplía el arte gastronómico larense.
Ambas han hecho un nuevo aporte a la gastronomía local con el despliegue de la necesaria inventiva e imaginación.
El hecho ocurre en la Barquisimeto cosmopolita con sus grandes centros comerciales aprovisionados de gastronomía universal. La confirmación de que la globalización se afronta con avancistas iniciativas y sin complejos.
Es el reflejo de las metamorfosis de la alimentación del hombre en nuestra región que va dialécticamente de lo inferior a lo superior. Ello a partir de la Venezuela colonial pasando por la republicana, tradicional hasta la moderna de masas. Los signos de la barquisimetaneidad en el ámbito de la gastronomía que diariamente nos roza con sus manjares.
La emphallaca se incorpora como otro componente de la tradicional cultura alimenticia del estado Lara.
Freddy Torrealba Z.
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