El Gobierno de Irán formalizó este domingo la declaración de tres días de duelo nacional en memoria de quienes perdieron la vida durante la reciente ola de protestas que ha sacudido al país desde finales de diciembre. A través de canales oficiales, el presidente Masud Pezeshkian expresó su pesar por los fallecidos, a quienes la administración ha calificado como «mártires de la resistencia». Este gesto busca honrar tanto a civiles como a efectivos de las fuerzas de seguridad y milicias voluntarias que perecieron en medio de los disturbios, en un contexto de alta sensibilidad política y social para la nación islámica.
La narrativa oficial de Teherán ha sido contundente al responsabilizar a influencias externas por la escalada de violencia, comparando las tácticas de los manifestantes más radicales con grupos extremistas internacionales. Según las autoridades, los incidentes reportados en las principales ciudades son el resultado de acciones orquestadas por «agentes terroristas» vinculados a intereses extranjeros, específicamente señalando a Estados Unidos e Israel. Con esta postura, el Ejecutivo busca reforzar la cohesión interna, denunciando lo que consideran un intento de sabotaje contra la estabilidad y la soberanía del Estado iraní.
Como respuesta a la agitación en las calles, el Gobierno ha convocado para este lunes a una «Marcha Nacional por la Resistencia» en todas las capitales de provincia, teniendo como epicentro la Plaza de la Revolución en Teherán. Esta movilización pretende ser una demostración de fuerza y apoyo institucional, donde se espera la participación de familiares de los fallecidos para condenar los actos vandálicos. Mientras el país entra en un periodo de reflexión por el luto decretado, la comunidad internacional observa con atención cómo esta nueva convocatoria oficial medirá el pulso de la lealtad popular en un momento de máxima tensión regional.