Ante el aumento de la demanda energética y la presión por el alto costo interno del combustible, Colombia está considerando la posibilidad de importar gas natural desde Venezuela a precios más asequibles. Las recientes negociaciones entre Estados Unidos y Venezuela han sido vistas por Bogotá como una oportunidad para fortalecer la integración energética con su país vecino del norte.
La economía de Colombia está afrontando un déficit en el suministro de gas natural, lo que ha llevado al país a recurrir a importaciones de gas natural licuado (GNL). Este tipo de gas suele tener precios que pueden duplicar o incluso triplicar los costos del gas convencional, impactando significativamente tanto a los hogares como a las industrias. Se proyecta que este déficit podría llegar a cubrir hasta el 20 % de la demanda total en 2026, en comparación con aproximadamente el 4 % estimado para finales de 2024.
Los encargados de la política energética destacan que la opción de adquirir gas más económico de Venezuela podría mitigar en parte esa presión, además de reforzar la seguridad energética nacional al disminuir la dependencia de proveedores externos más caros.
El ministro Palma definió este periodo como una oportunidad histórica para revitalizar la integración energética que en su momento unió a ambos países. El plan contempla la restauración del gasoducto Antonio Ricaurte, una infraestructura clave de carácter binacional construida originalmente en los años 2000, que actualmente demanda inversiones y trabajos de rehabilitación para que pueda volver a operar.
En su etapa activa, este gasoducto facilitó el intercambio de gas natural entre ambas naciones, aunque quedó fuera de funcionamiento debido a la falta de mantenimiento tras años marcados por tensiones bilaterales y sanciones que obstaculizaron el comercio energético.
Acercamiento
Las expectativas de Colombia se desarrollan dentro de un contexto más amplio de cambios diplomáticos y energéticos en la región. El reciente fortalecimiento de las relaciones entre Bogotá y Washington, evidenciado por intercambios bilaterales de alto nivel, ha abierto nuevas oportunidades para colaborar con Venezuela en sectores estratégicos como el energético. Sin embargo, llevar a cabo las importaciones de gas venezolano presenta desafíos tanto técnicos como regulatorios.
El gasoducto que conecta a ambos países necesita inversiones significativas y análisis detallados, mientras que la importación directa de gas enfrenta barreras relacionadas con sanciones, requisitos normativos y las limitaciones de la infraestructura actual, lo que implica que este proceso no se resolvería de manera inmediata.
A pesar de no haberse concretado acuerdos formales, el interés de Colombia por diversificar su matriz energética y reducir el costo del gas evidencia un enfoque pragmático frente a las limitaciones del mercado interno.
En los últimos años, Bogotá ha evaluado distintas alternativas, como importaciones y contratos a largo plazo, para solventar su déficit de gas, incluso contemplando una mayor integración con proveedores regionales si las condiciones resultan favorables, reseña Finanzas Digital, citando a Bloomberg en Línea.
En el contexto de una transición energética en marcha y la necesidad de garantizar un suministro confiable y accesible, la posible apertura de un canal para importar gas venezolano, aunque aún en etapa preliminar, podría representar un punto clave en la evolución de la política energética de Colombia. ac