En la antesala de su reunión con el mandatario estadounidense Donald Trump, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, fijó una postura tajante respecto al destino de Nicolás Maduro tras su captura. Petro solicitó formalmente que el líder derrocado sea devuelto a territorio venezolano para que comparezca ante la justicia de su propio país en lugar de ser procesado por tribunales norteamericanos. Durante su declaración, el mandatario colombiano fue enfático al rechazar cualquier medida de fuerza que implique violencia sobre la capital venezolana, sentenciando que «bombardear Caracas» nunca será una solución viable para la crisis regional.
El jefe de Estado colombiano aprovechó el espacio para lanzar una crítica aguda hacia la política exterior de Washington y la gestión anterior de Caracas, comparando irónicamente a Trump con Maduro bajo el argumento de que ambos comparten una visión centrada en los intereses petroleros por encima de otros temas. Petro insistió en que la soberanía judicial es un principio que debe respetarse para garantizar una transición estable, señalando que el traslado del expresidente a una jurisdicción extranjera complica la reconciliación interna del país vecino en este complejo inicio de 2026.
Este pronunciamiento añade una capa de tensión a la agenda binacional que ambos líderes discutirán en la Casa Blanca. Mientras Estados Unidos mantiene su enfoque en los cargos federales contra Maduro, Colombia intenta posicionarse como un defensor de la autonomía legal venezolana para evitar mayores fracturas en la estabilidad del continente. El llamado de Petro busca que la justicia local asuma el protagonismo en el proceso, una petición que pone a prueba la flexibilidad diplomática de la administración Trump ante sus aliados más cercanos en la región.