En un ambiente de profunda devoción y bajo el calor de miles de fieles, la Catedral de Barquisimeto recibió este 14 de enero a la imagen de la Divina Pastora. La homilía, presidida por el obispo de la Diócesis de San Cristóbal, monseñor Lisandro Alirio Rivas, se convirtió en un bálsamo para un pueblo que camina entre desafíos sociales y económicos.
El obispo destacó la alegría, hermandad y gratitud a la Divina Pastora de quienes participaban en esta fiesta mariana. “Hemos colocado en manos de la Virgen las plegarias por las necesidades personales, familiares, de la iglesia y sobre a nuestra amada Venezuela en este tiempo nuevo y de gracia. Especialmente en estos momentos tan difíciles que estamos viviendo”.
Al tiempo instó a renovar la vocación cristiana y asumir el compromiso misionero de ser constructores de amor, solidaridad, justicia y la paz que urgentemente necesita el país.
Evocando el tiempo y la circunstancia que dieron origen a este evento mariano, mencionó que María intercedió ante su hijo para liberar de la peste de enfermedades y miserias que afectó al pueblo barquisimetano en 1855- 1856 y esa lucha continúa en el presente para liberarnos de los males que no permiten vivir en dignidad, de las pestes que amenazan la vida desde su concepción hasta su fin natural, del pecado personal y social, pero sobre todo de la peste del miedo y la indiferencia, subrayó.
«Estamos aquí porque creemos en tiempos nuevos para renovar la vida, renovar la sociedad, la iglesia y Venezuela -reiteró-.
Insistió en que la población venezolana vive un tiempo complicado, caracterizados por el irrespeto a los derechos humanos. Hay un fuerte clamor en las familias, hospitales, cárceles, instituciones y también en las calles, donde se exige ser dignificados y protegidos. También claman por un servicio digno, piden por la libertad de los presos políticos, erradicar la mediocridad y que prevalezca la verdad, resaltó en medio de espontáneos aplausos.
El religioso expresó que la Divina Pastora da el coraje para ser protagonista de la historia actual. Este es el tiempo de Dios, el tiempo favorable para dar inicio a una nueva humanidad, para convertirnos y permitir que la palabra del Señor habite en medio de nosotros.
Refiriéndose al éxodo masivo, registrado en la última década, donde millones de venezolanas partieron en búsqueda de mejores oportunidades, recuerdó que “Dios ofrece un tiempo pleno en medio de las contrariedades y desilusiones”. En tal sentido, expresó: la Divina Pastora invita a ser protagonistas de nuestro tiempo. Un tiempo nuevo, donde podamos ver retornar a nuestros seres. También instituciones, hospitales donde la vida es atendida integralmente y escuelas donde se enseñen valores”.
La Virgen ve el dolor de las madres
Monseñor Lisandro Alirio Rivas manifestó que la Divina Pastora ha sido testigo del dolor de las madres cuando les encarcelan a sus hijos, cuando no pueden llevar un pan al hogar, porque el sueldo es insuficiente.
Sin embargo, no es tiempo para los lamentos, la nostalgia o el desaliento, porque la idea de Dios es otra. Los tiempos difíciles permiten dar testimonio, ser testigos auténticos y humildes como María, la Divina Pastora, pero convincentes del mensaje de Jesús, de su proyecto que se concretiza en un mundo más humano y más justo, donde no prevalezca la corrupción, no prevalezca la mentira y se pueda vivir en libertad. Ahora bien, es responsabilidad de todos desde su vocación contribuir al bien común para transformar nuestra Venezuela, acotó.

Mas adelante afirmó que en Lara, la Divina Pastora es la que conduce a los fieles hacia el reino de Dios y la construcción de una nueva Venezuela, libre de corrupción, injusticias, de presos políticos, de migrantes y nuevamente los feligreses aplaudieron.
Las divisiones no deben existir
“El influjo mariano en el pueblo de Dios es siempre positivo, nos lleva a la fe en Cristo, a la fraternidad, la tolerancia, buenos pensamientos y sentimientos, la solidaridad, la reconciliación y la paz”, enfatizó el obispo.
En un sincero llamado a la reconciliación, monseñor Rivas destacó que las divisiones no deberían existir entre el pueblo de Dios. La Divina Pastora, como una madre amorosa, quiere a todos por igual, sin importar sus ideologías, formas de pensar, vivir o actuar. Aunque los hijos puedan tener desacuerdos entre ellos, el amor de esa madre los ayuda a sanar sus heridas y los reúne nuevamente como un solo rebaño.
“Te pido madre Divina Pastora; ras divisiones haznos volver a casas y haznos volver a reconocernos como hermanos”, imploró. AC