El embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz, anunció ante el Consejo de Seguridad que Washington aplicará sanciones «al máximo» contra el gobierno de Nicolás Maduro. El objetivo principal de esta estrategia es asfixiar financieramente al «Cártel de los Soles» y al «Tren de Aragua», organizaciones que EE. UU. califica como terroristas. Waltz enfatizó que se utilizará «todo el poder y la fuerza» para erradicar el narcotráfico en el hemisferio.
La administración de Donald Trump ha dejado claro que no reconoce la legitimidad de Maduro, a quien consideran un fugitivo de la justicia estadounidense. Las nuevas medidas incluyen un cerco estricto sobre las ganancias de la venta de petróleo, señalando que los petroleros sancionados son el principal sustento económico del régimen. Esta escalada ocurre tras declaraciones recientes de Trump, donde no descartó la posibilidad de un conflicto armado.
Por su parte, el representante de Venezuela ante la ONU, Samuel Moncada, denunció estas acciones como «la mayor extorsión de la historia». Según el diplomático venezolano, Estados Unidos está ejecutando un crimen de agresión con el fin de anexarse el territorio y apoderarse de los recursos naturales del país, tales como el petróleo del Lago de Maracaibo y el arco minero del Orinoco.
El clima de confrontación llega a un punto crítico tras operativos militares estadounidenses en el Caribe que ya han dejado más de un centenar de víctimas mortales. Mientras Washington justifica sus acciones como una lucha frontal contra el crimen organizado, Caracas responde con bloqueos navales e intercepciones de buques petroleros, alertando al mundo sobre un plan de «agresión continental» liderado por la Casa Blanca.