Delsa Solórzano: La oposición no se elige desde el poder, es la que decidió la gente

La presidente del partido Encuentro Ciudadano y exdiputada de la Asamblea Nacional aseguró que no se puede hablar aún de una transición, sino más bien de una etapa en la que hay que construir las condiciones para una elección que refleje la voluntad de las personas y que dé la apertura a un cambio real en el país

Delsa Solórzano comentó que fue la captura de Biagio Pillieri el 28 de agosto de 2024 la que la convenció de ir a resguardo para evitar su arresto. | Foto: El Nacional (Ezequiel Carias)

“Fue muy duro y complicado”. Así describe Delsa Solórzano el año y medio en el que, tras haber logrado la organización de la oposición venezolana para un proceso de elección primaria y la elección del 28 de julio de 2024, se vio obligada a permanecer aislada y en soledad para evitar pasar a formar parte de la lista de presos políticos en el país.

El estar a “resguardo”, como ella lo califica, fue una decisión sumamente complicada, pero que tuvo que tomar ante el peso de la realidad que redujo la presencia de la oposición no solo en Caracas sino en toda Venezuela. Comenta inclusive que, en algún punto, en la capital del país solo había tres dirigentes; el resto estaba preso o en el exilio.

Tras los eventos del 3 de enero, Solórzano retornó a la vida pública y a la dirección de su partido, Encuentro Ciudadano, con el que aspira a trabajar junto con otras organizaciones políticas para lograr las condiciones necesarias para una transición, una que según ella solo se puede dar a través de un proceso electoral justo, transparente y en el que se respete el resultado.

—¿Cómo fue el proceso de tomar la decisión de resguardarse y cómo vivió ese período?

—Fue un proceso duro y complicado porque, en principio, yo nunca quise tomar esa decisión. Me mantuve en la calle cuando muchos compañeros comenzaron a resguardarse o a salir del país justo después del 28 de julio. Yo dije: “Yo no”. Sin embargo, la persecución se tornó mucho más agresiva. Se llevaron a Freddy Superlano y luego a Perkins Rocha el 27 de agosto. En ese punto, comencé a recibir llamadas de alerta de la Plataforma Unitaria advirtiéndome que no debía ir a la concentración del 28 de agosto. Claramente la próxima era yo. El momento definitivo ocurrió ese día. Estábamos en el Centro Lido y recuerdo que la camioneta de Biagio Pilieri se estacionó justo detrás de la mía. En ese instante, alguien de mi equipo advirtió que el vehículo que estaba delante de nosotros era del SEBIN. Logramos maniobrar para adelantarnos, pero perdimos de vista a Biagio. Luego comenzó la concentración y él nunca llegó. Más tarde, mientras avanzábamos por la Francisco de Miranda, apareció solo para decirnos: “Vine a despedirme porque me están persiguiendo muy rudo y creo que no me voy a poder escapar”. Ese día hubo una persecución literal; nosotros logramos escapar, pero Biagio no. Al enterarme de que finalmente se lo habían llevado, supe que no podía seguir exponiéndome. Ese día me fui al resguardo solo con lo que tenía puesto. Pasé un año y medio sola y encerrada. Fue muy duro, pero fue una decisión motivada por la necesidad de ser útil al país y por proteger a mi equipo y a mi familia de la persecución.

—Ha tenido una carrera política larga y ha enfrentado momentos de gran tensión. ¿Siente que lo vivido tras el 28 de julio ha sido lo más intenso que ha enfrentado?

—Sí, sin duda. Lo vivido este año y medio no tiene comparación con nada anterior. Lo más duro fue ver, desde el encierro, cómo todos mis amigos y compañeros de lucha iban presos o al exilio. Mi círculo de relaciones profesionales y personales se construyó en la política desde que era dirigente juvenil y, de repente, todos estaban presos o fuera del país. Llegó un punto en que en Caracas solo quedamos dos o tres dirigentes, todos bajo resguardo. Pasar año y medio sin ver a tu familia, trabajando a distancia, tratando de sostener un partido fue muy difícil. A mí Encuentro Ciudadano no me lo regaló nadie, es toda mi vida. Fueron momentos de mucha presión que implicaron mucha fortaleza para saber que se hacía lo correcto y que rendirse no era una opción.

Solórzano aseguró estando en resguardo le costó mucho ver cómo sus compañeros en la oposición eran perseguidos o se iban al exilio | Foto Ezequiel Carías

—En medio de ese resguardo ocurrió el evento del 3 de enero. ¿Cómo vivió esas horas de la operación militar en Caracas?

—Lo primero que sentí con el estruendo inicial fue una sensación de terror: pensé que me habían encontrado y que venían por mí. Vivir en resguardo implica pasar cada noche pensando que en cualquier momento te van a venir a buscar. Es complicado, no fue una sensación agradable. Sin embargo, cuando alguien de mi equipo me informó que estaban bombardeando la ciudad, entendí que no era conmigo. Sentí una profunda incertidumbre y un cuestionamiento amargo, al saber que Venezuela tuvo que llegar allí porque, lamentablemente, la solución que el país quiso no se dio. La verdad es que trabajamos muchísimo para que en Venezuela hubiera un rumbo distinto, lo evidenciamos participando en un proceso electoral, en mi caso inclusive participando en una primaria que sabía que iba a perder, pero tenía que participar para que se diera y la gente decidiera.

Tras el 3 de enero regresa a la vida pública. ¿Cómo se siente volver a la calle después de tanto tiempo en soledad?

—Es difícil imaginar si no se vive. Es como la película El náufrago. Pasas de estar rodeada de miles de personas en campaña, recibiendo de la gente lo que yo llamo un “intercambio de amor”, a la absoluta soledad por año y medio. En el resguardo aprendes a mirarte con tus propios ojos y no a través de los demás; si no tienes paz contigo misma, eso no se aguanta. Volver a salir, retomar la rutina de la oficina y reencontrarme con la gente ha sido el verdadero premio. Aunque al principio nada estaba claro sobre si podíamos salir o no, el cariño que recibo en la calle me confirma que valió la pena.

¿Considera que con estos cambios ya se ha iniciado una transición política en el país?

—No, la transición no ha empezado; hoy lo que hay es el trabajo para que haya una transición. Lo que hoy tenemos es una nueva etapa política, eso es indiscutible, es una verdad como un templo. Una transición ocurre cuando hay un cambio real y efectivo de sistema o se consolida un proceso de paz. Eso aún no ha pasado. Para que la transición comience, es necesario que se den pasos concretos, siendo el más importante una elección donde la gente decida su destino. Ese será el punto de partida del primer gobierno de transición en Venezuela.

—¿Como defensora de derechos humanos, qué opinión tiene sobre la Ley de Amnistía y las excarcelaciones de presos políticos?

—Quiero pensar que la amnistía, más que un documento o un instrumento jurídico, es un proceso. Y lo veo así porque, técnicamente, la ley no es buena; tiene fallas graves al ser incompleta, excluyente y no valerse por sí misma. Una amnistía debería ser un instrumento legislativo, no judicial; entonces esta, que es de orden público y aplicación inmediata, hace que aquí se someta a la víctima a una revictimización. Se le obliga a acudir al mismo tribunal que fue su verdugo para que este decida si le otorga el beneficio, con el agravante de que hay otra falla: la medida puede ser apelada. Es un proceso que evidencia la magnitud de lo que hemos denunciado por años. Aunque han liberado a poco más de 700 personas, todavía quedan centenares en las cárceles. Voceros oficialistas admiten ahora que esta ley abarca a 11.000 personas y que ya hay 7.000 solicitudes, lo cual confirma que era verdad lo que decíamos cuando nos llamaban mentirosos: en Venezuela sí hay presos políticos y miles de personas estaban sometidas a medidas judiciales por persecución. Hoy vemos, incluso, un reconocimiento de que se aplicó mal la Ley contra el Odio, pero la realidad es que ese documento, junto con la Ley Simón Bolívar y la ley que persigue a las ONG, son inconstitucionales por su propio contenido.

Delsa Solórzano cuestionó la Ley de Amnistía y aseguró que tiene varias carencias | Foto Ezequiel Carías

¿Le parece que la Ley de Amnistía deja por fuera la justicia y reparación a las víctimas?

—No solo eso, sino que no desmonta el aparato represivo que sigue ahí, intacto. Entonces dicen que la amnistía es hasta el día tal, y ¿después qué? La ley tiene una cosa horrorosa, el artículo 7, que dice que la ley se aplica una vez que cesas en la conducta. ¿Qué es cesar en la conducta?, ¿es dejar de hacer política?, ¿que se deje de hacer periodismo?, ¿en pedir elecciones? Entonces sigues teniendo la espada de Damocles de la Ley contra el Odio, la Ley Simón Bolívar, y del decreto de Conmoción (Externa) que está vigente hasta el 3 de abril. A un compañero del partido el fiscal que lo soltó le dijo: “Mira, no te resbales que te vuelvo a meter preso”. La verdad es que no necesitan esa ley para liberar a nadie. De la misma forma en la que metieron presa a la gente sin pruebas, sin orden de captura, de esa misma forma pueden simplemente liberarla.

¿Cree que con esto el chavismo busca lavar su imagen?

—Quiero pensar que es una nueva etapa. ¿Que la nueva etapa viene por un tutelaje de Estados Unidos? Sí. ¿Que viene marcada por los tres pasos que dijo el secretario de Estado Marco Rubio? Sí. Pero quiero pensar que es eso, una nueva etapa en la que por fin luce posible una transición en Venezuela.

Mencionó la necesidad de una elección. Ya hay nombres asomándose, como Delcy Rodríguez o Enrique Márquez. ¿Cuál es su postura frente a estas candidaturas y la transparencia del proceso?

—Cualquiera tiene derecho a aspirar, yo no puedo cuestionar las aspiraciones de los demás. Pero ya han dicho que una elección tiene que ser “con una cancha delimitada”, pero la cancha ya está delimitada por la Constitución. Una elección real es aquella en la que los ciudadanos ejerzan plenamente sus derechos políticos sin inhabilitaciones, que son inconstitucionales. La Constitución dice que la inhabilitación es consecuencia de una condena penal definitivamente firme. Puedes hilar el hilo más fino con las inhabilitaciones administrativas, pero al menos un procedimiento tienen que abrirte. A mí me inhabilitaron en octubre de 2024 y yo no sé por qué. Entonces, una elección que nos deje satisfechos a todos será aquella donde se pueda votar por quien se quiera, se respete el resultado y quién ganó, ganó, quién perdió, perdió.

¿Qué papel juega el resultado del 28 de julio en esta nueva hoja de ruta?

—El 28 de julio va más allá del resultado; marcó la voluntad de cambio de una nación y esa voluntad sigue absolutamente viva. Es el espíritu de ese día lo que hoy marca la legitimidad de los actores políticos. Hubo factores fundamentales: la Plataforma Unitaria como promotora y dueña de la tarjeta de la Unidad y, evidentemente, el liderazgo que ha sido legitimado en esa elección. La oposición no es esa que se elige desde el poder, es aquella que decidió la gente.

Ese liderazgo es el de María Corina Machado. ¿A su juicio se mantiene como el más fuerte?

—Eso lo decidió la gente. No es una cosa que decida yo o alguien más. ¿La decisión de la gente no la vamos a respetar? Yo respeto lo que decidieron los ciudadanos. Ahora, no es la única líder, no creo en liderazgos mesiánicos. Tiene el liderazgo de la gente y se debe respetar. Ahora también hay otros líderes y otros partidos, y eso marca la unidad de la oposición y la Plataforma Unitaria que tiene un compendio de líderes que van desde Freddy Superlano de Voluntad Popular, hasta María Beatriz Martínez de Primero Justicia. Una cantidad de líderes que acompañamos un proceso y que todos juntos impulsamos: no solo la primaria, sino también el 28 de julio.

Ocho de los 13 candidatos a las primarias de 2023 participaron en el debate “Hablan los candidatos” el 12 de julio. De izquierda a derecha: Andrés Velásquez, Andrés Caleca, Delsa Solórzano, María Corina Machado, Freddy Superlano, Carlos Prosperi, Tamara Adrián y César Pérez Vivas | Foto El Caroreño

¿Cuáles son los próximos pasos que visualiza para la unidad opositora?

—La Plataforma Unitaria ya tiene lista una hoja de ruta que anunciaremos en los próximos días, pero no me quiero adelantar. Lo importante es que vamos a trabajar juntos. Ha sido complicado mantener la unidad con tantos compañeros en el exilio o en la clandestinidad, como estuvimos Andrés Velásquez y yo, pero logramos trabajar en un plan para esta etapa que debe culminar en un proceso electoral. Para que eso sea creíble es necesario un nuevo Consejo Nacional Electoral plural e independiente, que no venga de ningún partido político.

¿Qué pasa si desde el chavismo no se quiere un nuevo CNE?

—Yo creo que lo van a querer. Si escuchas a Marco Rubio, él ha sido claro en que esto debe terminar en una elección para iniciar la transición. Incluso parece que Delcy Rodríguez está muy contenta trabajando con Estados Unidos.

Luego de salir del resguardo, ¿cuál es el mejor lugar y el mejor destino para Delsa Solórzano?

—En Venezuela, que es el único lugar donde siempre me he planteado estar. Nunca he considerado irme. Yo voy a estar siempre donde mi país me necesite y donde sea útil. Allí voy a estar.

Delsa Solórzano aseguró que permanecerá en el país trabajando por la unidad para lograr una transición | Foto Ezequiel Carías
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