“Honor a Nuestros Muchachos”
“El verdadero heroísmo está en transformar los deseos en realidades…
Y las ideas en hechos.”
Alfonzo Rodríguez Catelao (1.886 – 1.950).
Estamos próximos a la conmemoració0n de un aniversario más de la “Batalla de la Victoria.” De aquel conflicto bélico ocurrido en el estado Aragua durante la Guerra de Independencia. Para todo venezolano, y más allá, para todo amante de la paz, de la libertad y la democracia es inolvidable aquella gesta heroica que realizó un puñado de mozalbetes seminaristas y estudiantes universitarios guiados por José Félix Ribas y Vicente Campo Elías contra una horda de bípedos depredadores al mando de José Tomas Boves.
La ciudad de La Victoria era considerada estratégica por Boves, para poder desde allí emprender acciones sobre Caracas y destruir las tropas patriotas y decidió tomarla con aproximadamente 2.500 hombres que estaban bajo su mando y así, intentar interrumpir las comunicaciones entre Valencia y Caracas. José Félix Ribas, quien era Gobernador Militar de Caracas, decidió organizar un ejército y hacerle frente a la amenaza de extender el baño de sangre que ocasionaba la presencia de los salvajes delincuentes dirigidos por aquel monstruo sediento de venganza.
Ante la escasez de tropas formadas, el patriota José Félix Ribas recurrió a jovencitos provenientes de la Universidad de Caracas y estudiantes del Seminario Santa Rosa de Lima.
La batalla comenzó a las 7 de la mañana con la histórica proclama de José Félix Ribas:
“En esta jornada que será memorable, no podemos optar entre vencer o morir…
¡Necesario es vencer! ¡Viva la República!”
En horas de la tarde siendo crítica la ofensiva enemiga, los muchachos fueron apoyados por un contingente de 220 hombres al mando de Vicente Campo Elías.
El gesto heroico de aquella muchachada logró preservar la Segunda República y Bolívar, el Libertador, le otorgó a José Félix Ribas el título de:
“Vencedor de los Tiranos.”
Esta fue la razón suficiente para que la Asamblea Constituyente de 1947, en honor a los jóvenes que ofrendaron su vida por nuestra independencia decretara el 12 de febrero como:
“Día de la Juventud.”
Venezuela, que parió a los libertadores del mundo, ha entregado la vida de muchos otros de sus hijos, cuando se han inmolado tan sólo por defender el derecho a gritar…
¡LIBERTAD!
Es obligatorio rendir tributo a los jóvenes que llevando en su sangre los genes de quienes dieron todo por vencer en 1814, han dominado el miedo y con gallardía han sufrido persecuciones, infamias, torturas, vejámenes y entregado la vida por haber cometido la valentía de defender el más importante derecho humano que pueda existir…
¡Prohibido olvidar! Sí, prohibido olvidar a la muchachada del año 1928; a Beatri5 I, a los portadores de la boina azul y de la entonación del grito:
¡Sacalapata Lajá… Sacalá y Bajalá!
A los caídos durante la Guerra de Federación; victimas de incendiarios de pueblos y caseríos y sabanas, que gritaban “Tierra y Hombres Libres” aun teniendo niños como esclavos, cuyos documentos de compra-venta de esos niños esclavos reposan en el registro Subalterno de Ciudad Bolívar y otros tantos victimas de oprobiosas dictaduras.
Es verdaderamente indescriptiblemente y doloroso lo que ha tenido que soportar la juventud venezolana tomada como carne de cañón, con la saña de quienes han querido infundir temor ante sus adversarios indefensos. Mi padre, Epifanio Antonio Pérez Pérez y mi tío Juan Pablo Pérez Graterol, siendo unos mozalbetes de apenas veinte años de edad, fueron parte de esas víctimas y me horrorizo cada vez que recuerdo como narraban su estadía en la cárcel “La Rotunda” y en el “Castillo Libertador de Puerto Cabello”; su exilio auto infringido por la persecución a la cual fueron sometidos y los daños colaterales, como por ejemplo el no poder haber estado presente en las exequias de mi abuelo, por encontrarse estudiando fuera del país. Todo por haber enarbolado ese grito…
¡LIBERTAD!
Es ético y moralmente obligatorio preservar la integridad física de quienes, desde siempre, altruistamente, tratando de lograr una mejor calidad de vida para todos, han defendido la libertad y la democracia, y han sido perseguidos y tenido que soportar todo tipo de humillaciones y torturas en cárceles inhumanas…
Jamás olvidar…
“El Canto a los Hijos en marcha de Andrés Eloy Blanco…”
“Madre si me matan…
Si vienen mujeres, diles sin sollozos:
¡Si hablara que lindas cosas te diría!
Ábreme la herida, ciérrame los ojos…
Y una palabra: JUSTICIA
escriban sobre la tumba
Y un domingo, con sol afuera.
vengan la Madre y las Hermanas
y sonrían a la hermosa tumba
con nardos, violetas y helechos de agua
y hombres y mujeres del pueblo cercano
que digan mi nombre como de su casa
y alcen los cielos cantos de victoria,
Madre, si me matan.
LA
