Este pasado jueves primero de enero de 2026, se cumplieron 68 años de un importante hecho militar que prácticamente ha pasado al olvido en la historia reciente, o contemporánea, de Venezuela, pero que, visto en retrospectiva, es casi necesario admitir que el mismo tuvo una importancia de primera línea en la implantación del sistema democrático en nuestro país, que, afortunadamente, pese a todo, puede decirse que aún se mantiene en esta patria de Bolívar.
Se trata del alzamiento militar que, contra la feroz dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, encabezó el teniente coronel Hugo Trejo, quien comandaba un cuartel del ejército venezolano en Caracas, ese día, concretamente el 1° de enero de 1.958.
Con Trejo, se alzó también un batallón de paracaidistas en la base aérea de Palo Negro, en el Estado Aragua, de donde partieron dos aviones que sobrevolaron el Palacio de Miraflores, en una especie de anuncio de que, en efecto, había una insurrección militar en marcha contra la oprobiosa dictadura que, ya para ese momento, contabilizaba en “su haber” centenares de muertos en las mazmorras de la entonces tenebrosa policía política, como lo era la temida Seguridad Nacional, organismo dependiente del Ministerio de Relaciones Interiores.
Valga recordar que los rebeldes de Palo Negro incluso lograron tomar Radio Girardot, en la capital aragüeña, que se captaba bastante nítida en gran parte del país, incluida Barquisimeto, a través de la cual emitieron numerosas proclamas contra la tiranía durante prácticamente todo el día.
Recordamos que estas proclamas se escuchaban en la voz de alguien que se identificaba como el teniente Hugo Montesinos Castillo, algo, por cierto, para lo cual –decimos nosotros— había que tener mucho valor y coraje, por cuanto, de fracasar el intento de golpe de Estado, como en efecto ocurrió, corría el riesgo de que sobre él cayera todo el peso de la represión gubernamental de la época
Éste, por cierto, poco después, en menos de dos años, desapareció de la vida pública del país, y más nunca se supo de él.
Valga señalar que la sublevación tomó por sorpresa a mucha gente, incluso a oficiales de alta graduación que también adversaban al dictador.
Por cierto que tal vez el hecho de que en esta conjura no hubiesen estado involucrados algunos oficiales superiores, o de alto rango, fue decisivo, junto a algunos errores logísticos, en el desenlace final de la sublevación.
Así, el movimiento militar fue sometido en horas de la noche de ese mismo día, y culminó con la detención del comandante Trejo y de algunos otros oficiales subalternos que le acompañaron en la asonada.
Se recuerda que, además, cerca de una veintena de otros oficiales, todos de bajo rango y comprometidos en la insurrección, huyeron hacia Colombia en un avión de las Fuerzas Aéreas Venezolanas.
No obstante, si bien este movimiento militar fracasó, lo cierto es que se constituyó en el inicio de la cada vez más creciente ola de multitudinarias y desafiantes protestas de calle que se sucedieron en el país contra el régimen dictatorial, a la vez que, por supuesto, crecían las detenciones arbitrarias y los fallecidos en las vías públicas, víctimas de los esbirros de la dictadura en agonía.
Tales protestas finalmente culminaron con la huida de Pérez Jiménez hacia Santo Domingo, República Dominicana, en la madrugada del 23 de enero de 1.958.
Lo demás es historia conocida, comenzando por la constitución de una junta cívico-militar de gobierno que condujo al país al proceso electoral de diciembre de ese mismo año, que culminó con el triunfo en limpios comicios del presidente Rómulo Betancourt.
Por supuesto, una vez caída la satrapía, fueron puestos en libertad todos los militares que se hallaban detenidos por la fracasada conspiración del primero de enero, e igualmente retornaron al país aquéllos que habían huido al exilio en Colombia.
Y, si bien casi todos fueron restituidos a las Fuerzas Armadas, algunos de ellos optaron por solicitar la baja, para incorporarse a la vida civil del país, que, evidentemente, ofrecía en ese momento otras nuevas perspectivas (RG).
