En una verdadera calamidad pública se ha convertido un bote de aguas cloacales, que, según los propios vecinos, lleva ya más de un año, localizado principalmente en la carretera Barquisimeto-Duaca, a la altura de la entrada a la Uribana.
Resulta que, allí, el tubo matriz cloacal colapsó desde el tiempo antes indicado, e incluso ha sido objeto ya de al menos tres reparaciones, pero el bendito bote sigue allí, “firme y combativo”, sin que ninguna de tales reparaciones haya podido solucionar tan serio problema para los vecinos.
¿Y cuál es el problema?
Pues el problema radica en que simplemente, durante todo el tiempo antes indicado, los vecinos de la zona han tenido que soportar los nauseabundos olores que de allí emanan, pues la situación ha originado enormes charcos con correntías de esa agua hacia distintas direcciones, y que esparcen la hediondez por varias de las comunidades aledañas.
Ello, por supuesto, en primer lugar, ha ocasionado problemas de salud, especialmente en vías respiratorios y en la piel, a muchos de los habitantes de esos sectores, niños incluidos; en segundo lugar, ya unos cuantos establecimientos comerciales se han visto obligados a cerrar sus puertas por la misma causa, y, en tercer lugar, el pavimento de la carretera está siendo seriamente afectado en esa zona.
Nos han planteado los vecinos de la zona que ya no soportan tanta y tan hedionda “pudrición”, y claman ante las autoridades por una reparación que sea bien hecha y que permanezca en el tiempo, “para ver si salimos de esta pesadilla que estamos padeciendo”.
La hasta ahora parcial transitabilidad de la via es un mérito de los llamados ‘tapahuecos’, unos muchachos, que buscando obtener un aporte en dinero de mano de los conductores tratan de tapar los huecos, que se extienden por los tres canales de la carretera, con asfalto viejo, tierra y piedras para que los carros puedan continuar su camino.
(RG) (Gráficas: Julio Colmenárez).
