El Archivo accedió a fotografías inéditas que documentan la participación de Ahmed Farhadi, ex funcionario de Irán en Caracas, en operaciones de contrabando de oro desde Venezuela.
Así lo consignó el sitio de periodismo de investigación https://www.elarchivo.com/investigaciones/las-fotos-que-confirman-el-rol-iran-el-saqueo-oro-venezolano-revelan-la-trama-criminal-n5326795
Las fotografías son contundentes. En ellas aparece Ahmed Farhadi, ex funcionario del gobierno iraní en Caracas, en reuniones directamente vinculadas con operaciones de contrabando de oro desde Venezuela hacia Irán. Las imágenes, obtenidas exclusivamente por El Archivo a través de una filtración de fuentes confidenciales, confirman lo que la inteligencia internacional sospechaba desde hace años: funcionarios iraníes con cobertura diplomática o técnica participan activamente en una red criminal que ha saqueado las minas del Arco Minero del Orinoco para financiar el terrorismo global. Estas fotografías exclusivas constituyen la primera evidencia visual directa de la participación iraní en el tráfico del metal precioso venezolano, una operación que según reportes confidenciales de Lloyd’s ha movilizado aproximadamente 500 millones de dólares —equivalentes a unas 9 toneladas de oro— hacia las arcas de Hezbollah, el grupo terrorista libanés respaldado por Teherán.
Las imágenes que revelan la trama
Las fotografías a las que accedió El Archivo documentan a Farhadi en encuentros que fuentes de inteligencia identifican como coordinaciones operativas del tráfico de oro. Aunque Farhadi mantenía oficialmente un perfil técnico —posiblemente vinculado a las operaciones petroleras iraníes en Venezuela—, su presencia en estas reuniones demuestra que su rol iba mucho más allá de lo diplomático.
«La presencia de Farhadi en estos encuentros no es casual ni protocolar», explica una fuente de inteligencia consultada por El Archivo que solicitó anonimato. «Estos son espacios donde se coordina logística de embarques, se discuten rutas de transporte y se negocian volúmenes de metal precioso. Un funcionario petrolero no tiene razón legítima para estar ahí».
Las imágenes confirman un patrón que la inteligencia estadounidense e israelí había documentado en reportes confidenciales: la infraestructura de cooperación petrolera entre Irán y Venezuela sirve como pantalla perfecta para operaciones criminales paralelas. Las mismas redes de corrupción, los contactos gubernamentales y la infraestructura de transporte necesarios para operar refinerías proporcionan la cobertura ideal para el contrabando de oro.
La arquitectura criminal que revelan las fotos
Las fotografías exclusivas de Farhadi se insertan en una trama mucho más amplia que El Archivo ha documentado en investigaciones previas. Durante más de dos décadas, Irán y Venezuela construyeron una alianza estratégica de más de 320 acuerdos bilaterales que, detrás de la fachada diplomática, esconde una sofisticada red de contrabando, lavado de dinero y operaciones encubiertas.
El esquema es tan brutal como efectivo: oro extraído ilegalmente de las minas del estado Bolívar, en el sur de Venezuela, es transportado en vuelos clandestinos de la aerolínea Mahan Air —sancionada internacionalmente— hasta Teherán. Desde allí, el metal precioso viaja a refinerías en Turquía y Dubai, donde se vende en el mercado negro. Los beneficios terminan financiando las operaciones de Hezbollah en Líbano, Siria e Irak.
La participación de Farhadi, ahora confirmada por las fotografías exclusivas, representa una pieza clave en este engranaje criminal. Su posición como funcionario con acceso a operaciones gubernamentales venezolanas le permitía coordinar aspectos logísticos esenciales: desde el transporte del oro desde las minas hasta los aeropuertos, pasando por la documentación falsa necesaria para evadir controles. Los otros protagonistas de la red
Las imágenes de Farhadi no son un caso aislado. El Archivo ya había publicado fotografías de otra figura central en esta trama: Hasan Izadi, oficial de la Fuerza Quds que operó como segundo consejero de la embajada iraní en Venezuela entre 2021 y 2024.
En una imagen publicada previamente por esta investigación, Izadi aparece junto a otros dos agentes de inteligencia iraníes: Majid Dastjani Farahani y Mohammad Mahdi Khanpour Ardestani, ambos en la lista de «más buscados» del FBI por intentar reclutar personas dentro de Estados Unidos para atacar letalmente a funcionarios gubernamentales estadounidenses.
Izadi también aparece en fotografías protocolares estrechando la mano del presidente venezolano Nicolás Maduro durante una visita a la residencia diplomática iraní en mayo de 2024. Lo que parecía un acto diplomático rutinario adquiere un significado siniestro al conocerse que Izadi coordinaba simultáneamente el contrabando de oro y planes de asesinato contra diplomáticos israelíes en México. Del lado venezolano, el ex ministro de Petróleo Tareck El Aissami —sancionado por Estados Unidos por narcotráfico y corrupción— proporcionó el acceso institucional necesario para que estas operaciones prosperaran. El Aissami facilitó los vuelos de Mahan Air entre Caracas y Teherán que transportaban oro y, según fuentes de inteligencia, también equipos de drones y componentes tecnológicos.
El empresario fantasma y los banqueros del terror
Las fotografías de Farhadi confirman su conexión con una red más amplia de operadores iraníes. En el centro de esta estructura se encuentra Seyed Badroddin Naiemael Moosavi, empresario iraní que opera a través de su empresa fachada ACS Trading Co., registrada en Dubai. Según el reporte confidencial de Lloyd’s fechado en octubre de 2022 y firmado por Chris Po-Ba, Gerente Senior de Asesoría en Delitos Financieros, Moosavi coordina el tráfico de oro entre Venezuela e Irán. En septiembre de 2020, viajó a Caracas acompañado de Hassan Kathemi Quimi, miembro de la Fuerza Quds, y Hamid Arab Nezhad, director ejecutivo de Mahan Air.
El reporte documenta que Moosavi mantuvo reuniones directas con Ali Kassir, representante del Ministerio de Asuntos Económicos de Hezbollah en Irán, y con Muhammad Jaafar Kassir, jefe de la unidad logística del grupo terrorista. Estos encuentros coordinaban el flujo de fondos derivados del oro venezolano hacia las operaciones de Hezbollah. Los hermanos Kassir, ambos sancionados por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, son los administradores clave de este flujo financiero. Ali, desde su posición en el Ministerio de Asuntos Económicos de Hezbollah en Irán, autoriza las transferencias y coordina con operadores como Moosavi. Muhammad, como jefe logístico, garantiza que los fondos lleguen a las unidades operativas de Hezbollah en terreno.
El circuito del oro manchado de sangre
Las fotografías exclusivas de Farhadi documentan visualmente uno de los puntos críticos de una operación que funciona con precisión industrial: Extracción ilegal: Oro del Arco Minero del Orinoco, a menudo extraído por grupos irregulares que controlan minas ilegales, es comprado por intermediarios conectados con el gobierno venezolano. Aquí es donde funcionarios como Farhadi coordinan el primer eslabón de la cadena. Transporte aéreo clandestino: Vuelos de Mahan Air transportan el oro desde Caracas hasta Teherán, evitando controles aduaneros mediante inmunidad diplomática o redes de corrupción que funcionarios iraníes como Farhadi ayudan a facilitar. Blanqueo en Dubai y Turquía: El oro llega a refinerías en Emiratos Árabes Unidos y Turquía, donde se funde y reintroduce en el mercado legal con certificados de origen falsos. Conversión en efectivo: Los compradores pagan en dólares o euros a cuentas bancarias en jurisdicciones poco reguladas. Transferencia a Hezbollah: Los fondos llegan a Beirut a través de la red financiera del grupo, que incluye instituciones bancarias informales conocidas como «hawala» y empresas fachada.
Los 500 millones de dólares generados por esta operación representan aproximadamente un tercio del presupuesto anual estimado de Hezbollah, dinero que financia desde pagos de salarios a sus 20,000 combatientes activos hasta la compra de sistemas de misiles sofisticados. Venezuela como plataforma operativa de la Fuerza Quds. Las fotografías de funcionarios iraníes como Farhadi e Izadi en territorio venezolano confirman lo que el analista Joseph Humire, director del Centro de Políticas de Seguridad, ha advertido: más de 2,000 operativos iraníes y asociados operan actualmente en Venezuela.
Esta presencia masiva no es accidental. La Fuerza Quds —cuyo nombre significa «Jerusalén» en persa— es la división de élite de la Guardia Revolucionaria Islámica especializada en operaciones encubiertas, guerra asimétrica y acciones extraterritoriales. Venezuela ofrece a Irán algo que ningún otro país en el hemisferio puede proporcionar: un gobierno dispuesto a ceder soberanía operativa a cambio de apoyo político y económico. La infraestructura que han establecido replica sus operaciones en Medio Oriente: Centros de entrenamiento: Instalaciones donde se capacita a miembros de grupos irregulares latinoamericanos en fabricación de explosivos, construcción de túneles y técnicas de guerrilla urbana. Fábricas de drones: Según reportes de inteligencia israelí, Venezuela alberga instalaciones donde se ensamblan vehículos aéreos no tripulados (UAV) con tecnología iraní, similares a los utilizados por Hezbollah en el Líbano. Red de pasaportes falsos: Entre 2008 y 2012, el gobierno venezolano entregó 173 pasaportes a presuntos terroristas y operativos iraníes, según documentos revelados por investigaciones judiciales. Estos documentos permitieron el movimiento de agentes por toda la región sin levantar sospechas.
Isla Margarita como base: Este destino turístico venezolano alberga, según múltiples fuentes de inteligencia, una base operativa de Hezbollah desde donde se coordinan actividades financieras y logísticas para toda América Latina. La embajada de Irán en Caracas —donde funcionarios como Farhadi e Izadi operaban bajo cobertura diplomática— funciona como cuartel general de estas operaciones. Desde ese edificio, protegido por inmunidad internacional, se coordinan actividades que van desde el contrabando de oro hasta planes de asesinato en países vecinos.
De las minas venezolanas a los planes de asesinato en México
Las fotografías exclusivas de Farhadi revelan un aspecto crucial: para la Fuerza Quds, el financiamiento ilícito y las operaciones terroristas son dos caras de la misma moneda. El oro venezolano no solo genera dinero; financia operaciones letales en toda la región. El caso más alarmante se desarrolló entre finales de 2024 y el verano de 2025, cuando Hasan Izadi coordinó desde Venezuela un plan para asesinar a Einat Kranz-Neiger, embajadora de Israel en México. Según documentos de inteligencia obtenidos por funcionarios estadounidenses, Izadi reclutó operativos locales en México, posiblemente con vínculos al crimen organizado, y transfirió fondos para ejecutar el atentado.
«Afortunadamente, las autoridades de inteligencia de México actuaron y frustraron esa amenaza contra mi vida», declaró Kranz-Neiger tras revelarse el complot. «Siempre está esa amenaza en el aire de que hay fuerzas, como la Guardia Revolucionaria de Irán y sus emisarios, tratando de atentar contra diplomáticos israelíes en el mundo». El plan de asesinato no fue un acto aislado sino parte de una campaña de venganza coordinada por Teherán tras el ataque israelí a la embajada iraní en Damasco el 1 de abril de 2024, que mató a altos oficiales de la Fuerza Quds. Incapaz de golpear directamente objetivos israelíes debido a sus defensas aéreas avanzadas, Irán optó por atacar objetivos «blandos» en terceros países.
Este patrón se ha repetido globalmente. El MI5 británico reveló que frustró más de 20 complots iraníes desde 2022. Australia expulsó a su embajador iraní en 2024 tras descubrir planes de asesinato. Suecia emitió alertas sobre operaciones iraníes en coordinación con bandas criminales locales.
La conexión con el crimen organizado
Las fotografías de funcionarios iraníes operando en Venezuela revelan otra dimensión preocupante: la colaboración entre operativos de Teherán y organizaciones criminales latinoamericanas. Esta no es la primera vez que Irán busca aliados en el crimen organizado regional. En 2011, autoridades estadounidenses desmantelaron un complot iraní para asesinar al embajador saudí en Estados Unidos utilizando a Los Zetas, uno de los cárteles más violentos de México, como brazo ejecutor. Ese mismo año, Ayman Joumaa, ciudadano libanés, fue acusado de coordinar envíos masivos de cocaína para Los Zetas y lavar decenas de millones de dólares para Hezbollah. El esquema utilizaba casas de cambio en América Latina y Medio Oriente para integrar dinero del narcotráfico en el sistema financiero formal.
Mike Vigil, ex jefe de operaciones internacionales de la DEA, advirtió que esta alianza entre terrorismo y narcotráfico representa «una amenaza existencial para la seguridad hemisférica». Los cárteles proporcionan logística, violencia y conocimiento del terreno; los grupos terroristas aportan entrenamiento militar, acceso a armas sofisticadas y conexiones internacionales para lavar dinero.
La amenaza regional que confirman las imágenes
Las fotografías exclusivas de Ahmed Farhadi no son simplemente evidencia de corrupción o tráfico de oro. Son la confirmación visual de que América Latina se ha convertido en un teatro de operaciones donde se libran conflictos que se originan a miles de kilómetros de distancia. Hezbollah mantiene 17 centros culturales en América Latina, según fuentes de inteligencia regional. Estos centros, que oficialmente promueven la lengua árabe y la cultura islámica, funcionan como puntos de contacto para reclutar simpatizantes, recaudar fondos y coordinar operaciones logísticas.
La Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay ha sido durante décadas una base operativa de Hezbollah, con redes de lavado de dinero y tráfico de armas documentadas por autoridades de los tres países. Los atentados contra la embajada de Israel (1992) y la AMIA (1994) en Buenos Aires, que dejaron casi 100 muertos, fueron ejecutados por células de Hezbollah operando desde esta región. La Fuerza Quds también ha establecido vínculos operativos con grupos armados latinoamericanos: el ELN en Colombia ha recibido entrenamiento en fabricación de explosivos; algunas disidencias de las FARC mantienen contactos con operativos iraníes para intercambio de armas; colectivos chavistas armados reciben adoctrinamiento ideológico y entrenamiento paramilitar.
Infiltración migratoria y transferencia tecnológica
Las imágenes de funcionarios iraníes en Venezuela confirman visualmente la infraestructura que hace posible otras amenazas documentadas por servicios de inteligencia.
Desde 2015, se han detectado múltiples casos de ciudadanos iraníes con pasaportes venezolanos falsos intentando cruzar hacia Estados Unidos a través de la frontera sur. En 2019, autoridades mexicanas detuvieron a un grupo de iraníes con documentos venezolanos fraudulentos cerca de la frontera con Texas.
Estos casos plantean preguntas inquietantes que las fotografías exclusivas de Farhadi hacen más urgentes: ¿Cuántos operativos iraníes han logrado infiltrarse exitosamente utilizando la infraestructura que funcionarios como él ayudaron a establecer? ¿Qué misiones tienen asignadas? ¿Existen células durmientes preparadas para activarse en caso de conflicto entre Irán y Estados Unidos?
Más allá del oro y el dinero, las imágenes confirman que Irán transfiere a Venezuela capacidades militares que alteran el equilibrio de poder regional: drones suicidas, sistemas de misiles, entrenamiento en guerra cibernética y defensa aérea.
El precio de la evidencia visual
Las fotografías exclusivas obtenidas por El Archivo constituyen evidencia irrefutable de lo que la inteligencia internacional ha documentado durante años: funcionarios iraníes con cobertura diplomática participan activamente en redes criminales que saquean recursos venezolanos para financiar terrorismo global.
Las imágenes también revelan la complicidad del régimen venezolano. No es posible que funcionarios iraníes operen reuniones sobre tráfico de oro sin el conocimiento y la facilitación de autoridades venezolanas de alto nivel. El gobierno de Nicolás Maduro ha cedido efectivamente parte de su soberanía a actores iraníes, permitiendo que agentes extranjeros operen libremente en su territorio.
Este precedente es peligroso. Otros estados en crisis podrían verse tentados a realizar concesiones similares a cambio de apoyo económico o político, multiplicando el problema. La respuesta internacional: insuficiente frente a la evidencia. A pesar de la evidencia visual ahora disponible, la respuesta internacional sigue siendo débil y descoordinada. Estados Unidos ha impuesto sanciones a individuos y entidades involucradas, incluyendo a Moosavi, los hermanos Kassir y Mahan Air, pero estas medidas tienen efectividad limitada cuando los actores operan en jurisdicciones que ignoran las sanciones estadounidenses. Israel ha compartido inteligencia con países latinoamericanos sobre operaciones iraníes, pero muchos gobiernos de la región priorizan relaciones diplomáticas y comerciales sobre preocupaciones de seguridad.
México frustró el plan de asesinato contra la embajadora israelí, pero no ha realizado acciones públicas contra la presencia iraní en Venezuela ni contra las redes de Hezbollah en su territorio. Organismos regionales como la OEA han emitido declaraciones condenatorias pero carecen de mecanismos de enforcement efectivos. Varios factores explican esta tibieza: divisiones ideológicas en la región, intereses económicos con Venezuela e Irán, capacidades limitadas de inteligencia, y distracción por problemas internos que absorben la atención de gobiernos que consideran las amenazas iraníes como remotas o exageradas.
El significado de las fotografías
Las imágenes exclusivas de Ahmed Farhadi que publica El Archivo no son simplemente fotografías. Son evidencia documental de una amenaza concreta, activa y creciente que opera abiertamente en América Latina. Un funcionario iraní participando en reuniones sobre contrabando de oro. Un agente de la Fuerza Quds estrechando la mano del presidente de Venezuela. Oficiales de inteligencia coordinando planes de asesinato desde una embajada en Caracas. Todo fotografiado. Todo documentado. Todo operando a plena luz del día. Las fotografías confirman que la red de contrabando de oro, financiamiento terrorista y operaciones encubiertas que conecta a Irán con Venezuela no es una teoría conspirativa ni propaganda de inteligencia. Es una realidad tangible, visible, fotografiable.
El oro extraído de las minas venezolanas —coordinado por funcionarios como Farhadi— termina financiando cohetes que caen sobre ciudades israelíes, entrenando a grupos irregulares que desestabilizan Colombia, y potencialmente preparando células terroristas que podrían activarse en cualquier momento en territorio americano. La pregunta ya no es si esta red existe.
Cada imagen de funcionarios iraníes operando en Venezuela, cada fotografía de reuniones sobre contrabando de oro, cada registro visual de agentes de la Fuerza Quds con líderes venezolanos representa evidencia de la normalización de América Latina como escenario de conflictos globales que no le corresponden pero que inevitablemente pagará con sangre.
La indiferencia tiene un precio. Y las fotografías exclusivas que hoy publica El Archivo demuestran que ese precio ya se está cobrando, en oro saqueado, en planes de asesinato frustrados, en amenazas que crecen cada día en la oscuridad de la complicidad y el silencio. La evidencia visual ya no puede ignorarse. La pregunta es si la voluntad política para actuar finalmente emergerá. Esta investigación se basa en fotografías exclusivas obtenidas por el equipo de investigación de El Archivo mediante filtración de fuentes confidenciales, reportes de inteligencia de Lloyd’s, documentos de la OFAC, información de servicios de inteligencia de Estados Unidos, Israel, México y Reino Unido, y reportes de medios internacionales. Todas las fuentes públicas citadas están disponibles para verificación.
