La ofensiva iraní se extendió este 28 de febrero más allá de Israel y alcanzó a varios países de Oriente Medio aliados de Estados Unidos, tras el ataque militar coordinado lanzado por Washington y el gobierno de Benjamin Netanyahu contra la República Islámica.
La operación fue bautizada como «Operación Furia Épica» por Estados Unidos y «León Rugiente» por Israel, con el objetivo declarado por Donald Trump de «aniquilar» el régimen de los ayatolás, luego de semanas de despliegue militar y negociaciones fallidas con Teherán.
En respuesta inmediata, Irán dirigió misiles contra Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Kuwait, Catar y Baréin, países que albergan bases militares estadounidenses, ampliando el conflicto y elevando la amenaza de una guerra abierta de consecuencias inciertas en la región.
Teherán atacó incluso a Catar, donde Estados Unidos mantiene su mayor base militar regional, pese a sostener relaciones diplomáticas funcionales con ese país.
Según reportes internacionales, los bombardeos iraníes dejaron una víctima en Emiratos Árabes Unidos y la Guardia Revolucionaria advirtió que «esta operación continuará sin descanso hasta que el enemigo sea derrotado de forma decisiva», en una señal de que la escalada podría prolongarse.
