La tensión entre el entorno del presidente electo Edmundo González y la jerarquía eclesiástica subió de tono este miércoles. Mariana González de Tudares, hija del líder opositor, respondió con firmeza al comunicado de Monseñor Raúl Biord, quien negó cualquier vínculo de la Iglesia con presuntas extorsiones relacionadas al caso del preso político Rafael Tudares Bracho. Lejos de retractarse, Mariana apeló a principios éticos y religiosos, citando la encíclica Veritatis Splendor de San Juan Pablo II para advertir que el totalitarismo se alimenta precisamente de negar la verdad objetiva, manteniendo así su postura sobre las presiones recibidas.
El conflicto surge tras la denuncia pública de González, quien asegura haber sido víctima de tres intentos de extorsión en espacios de alta sensibilidad, incluidas sedes diplomáticas y del propio Arzobispado. Según su relato, se le exigió mediar para que su padre desistiera de su lucha política a cambio de la libertad de su esposo, hechos que afirma ocurrieron en presencia de testigos. Pese a la gravedad de los señalamientos, el Arzobispo Biord se limitó a desestimar las acusaciones de forma categórica, asegurando que el rol de la Iglesia es estrictamente pastoral y de acompañamiento, sin ordenar una investigación interna al respecto.
Con un mensaje cargado de simbolismo cristiano, Mariana González subrayó que su lucha se basa en la «verdad que hace libres», cuestionando el silencio y la falta de acción institucional ante lo que considera una estrategia para silenciarla. Mientras el Arzobispado de Caracas intenta cerrar filas sobre su gestión de ayuda a familiares de detenidos, la denuncia de González pone bajo la lupa la vulnerabilidad de las familias de presos políticos frente a agentes externos. El caso queda en un complejo punto de quiebre donde la fe y la política se entrelazan en medio de una crisis de derechos fundamentales.
